Y el borracho del pueblo fue diferente…
Por Prosperada en 13 Julio, 2010, 2:24 pm
Atravesó a grandes zancadas el espacio que le separaba desde la silla que habÃa ocupado durante todo el servicio religioso y el púlpito. Lo hizo despacio, sintiendo la mirada de todos los asistentes alrededor. Era un paso enorme. No pensaban que el borracho del pueblo, y quien mayores escándalos protagonizaba en el vecindario cuando agredÃa a su mujer y a sus hijos, fuera el mismo que ahora aceptaba la invitación a recibir a Jesucristo como Salvador en su corazón.
En apariencia y mientras el ministro oraba, no ocurrió nada. Pero sà cuando llegó a casa. SabÃa que ahora tenÃa a Dios en “su serâ€, como habÃa dicho el predicador. Como siempre su esposa se limitó a servirle la comida, esperando que por el más mÃnimo detalle, arrojara el plato al suelo y comenzara una larga serie de improperios. Pero no fue asÃ. Se acostó callado, y despertó horas después saludando con un “Buenos dÃasâ€. ¡Ella no podÃa creerlo!.
Terminada la jornada no fue a beber en la taberna de siempre. Llegó a casa pasadas las seis de la tarde. “AlÃstame ropa, voy al temploâ€. La esposa, que estaba acostumbrada a un comportamiento diferente, creyó oÃr mal y se quedó mirándolo. “Ya te dije: alÃstame ropa. Voy al temploâ€.
Cambio. No poco, bastante. Es cierto, un domingo se emborrachó de nuevo, pero el lunes estaba avergonzado y, con más ahÃnco, volvió al templo. Justo Salazar Hincapié es un predicador de una congregación pentecostal. Es un hombre nuevo. El Señor Jesucristo hizo posible lo que para los demás sonaba imposible. Dejó de ser el borracho del pueblo…
Usted también puede ser diferente
Me sorprende el cúmulo de historias que se aprenden cuando hablamos con los cristianos. Con cada uno se podrÃa escribir una novela. Sus experiencias nos revelan que sà es posible cambiar con la ayuda del Señor Jesucristo. Ellos pudieron, usted también.
Basta que nos rindamos a Cristo. Él contó una parábola que se aplica a nuestras vidas hoy: “También el reino de los cielos es semejante a un mercader de buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenÃa, y la compró.â€(Mateo 13:45).
Si seguimos acariciando el pecado, porque nos sentimos bien asÃ, nos perderemos la oportunidad de vivir una vida plena, con sentido, con propósitos para cada nuevo dÃa.
No importa cuánto haya pecado en el pasado. Jesucristo le ofrece una oportunidad hoy. Acéptela. Usted puede cambiar. No se arrepentirá porque, al recibirlo en su corazón como único y suficiente Salvador, se abrirán frente a sus ojos enormes oportunidades…
Autor: Pastor.Fernando Alexis Jiménez

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