Un testimonio eficaz al mundo

Por Prosperada en 5 Agosto, 2010, 8:32 am

autoFue disminuyendo la velocidad del auto. Ochenta, luego setenta y por último, treinta kilómetros. Pasó relativamente despacio para mirar lo ocurrido. El otro vehículo recién acababa de estrellarse con un muro de concreto sobre un costado de la vía. En medio de latas retorcidas, la estructura humeaba. Dentro un hombre, de algo más de cuarenta años según intuyó, se encontraba inclinado sobre el volante.

 Una vez se detuvo, decidió auxiliarlo. A su lado los carros pasaban raudos. Eran cerca de las seis de la tarde y comprendió que muchos estuvieran ansiosos por llegar a casa. Él por su parte tenía pendiente el servicio. No le gustaba perder los cultos de los miércoles. “Me gustan los mensajes sobre la feâ€, comentaba siempre a su esposa, anticipando la edificación para su vida. Aquél día sería distinto. No podría llegar. Sencillamente, ayudar.

 En el hospital, mientras esperaba que el médico atendiera al accidentado, recordó la parábola del buen samaritano. Se hizo realidad en su vida. Comprendió qué significaba. Sonrió. Es cierto que tenía la camisa salpicada de sangre y la primera impresión que tendría su esposa sería de susto, pero valía la pena. “Una vida se salvó y eso es lo que cuentaâ€, murmuró entre dientes mientras procuraba arreglase un poco el traje.

 Desde ese momento comprendió el valor de dos principios que debían identificar su vida de creyente: disposición de servir y humildad. No preguntar quién ni por qué, simplemente ayudar, y hacerlo sin arrogancia.

 Servicio y humildad, fundamentos del cristiano

 Un cristiano que vive la santidad, tiene dos fundamentos que le permiten exteriorizar en su ser al Cristo que sirven: la vocación de servicio y la humildad. Cuando esos dos elementos están íntimamente ligados a nuestra existencia, deseamos vivir para servir a Dios y a su creación más maravillosa: el ser humano, y en segundo lugar, reconocemos que todos los pasos no son producto de los logros personales sino porque Dios nos permite avanzar.

 Los apóstoles en sus oraciones, de acuerdo con lo que enseñan las Escrituras, tenían esos dos cimientos en su mente y en su corazón, de tal manera que sus oraciones siempre iban esa dirección, como cuando pidieron fortaleza al Señor en medio de las persecuciones: “…que por tu poder sanen a los enfermos y que hagan señales y milagros en el nombre de tu santo siervo Jesús.â€â€(Hechos 4.30)

 Es más, en la propia vida del amado Salvador, encontramos su máxima expresión de vocación de servicio y humildad cuando, siendo Dios, se hizo hombre para traernos redención: “…el cual: Aunque era de naturaleza divina, no se aferró al hecho de ser igual a Dios, sino que renunció a lo que le era propio y tomó naturaleza de siervo. Nació como un hombre, y al presentarse como hombre se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz.â€(Filipenses 2:6-8)

 Es imperativo que nos preguntemos hasta qué punto hemos desarrollado, con ayuda de Dios, la vocación de servir en nuestra existencia, y qué grado de humildad evidenciamos no solo cuando nos expresamos y actuamos, sino cuando nos movemos en la intimidad, delante del Señor.

Autor: Pastor.FernandoAlexis Jimenez

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