Testimonio de Hellen Pendley Ex-empleada de Clínicas de Abortos
Por Prosperada en 11 Marzo, 2010, 11:20 am
“Llegué a una compañía bien establecida, una de las más grandes en la nación. Opera clínicas de aborto aún hoy en día, doce clínicas a través de los Estados Unidos.
“En el Estado de Georgia, que es de donde procedo y donde manejé esta clínica privada, teníamos el control del Estado. Pero el Estado no requería que tuviéramos equipos para sostener la vida, ni necesitábamos equipo para el salón de recuperación, aunque hacíamos abortos con anestesia general.
“Yo estaba empezando a ver las cosas como las ven los abortistas, es decir, que mientras más abortos practicáramos, más dinero íbamos a ganar.

Clinia de Abortos
“Parte de mi trabajo en la industria era formar una asociación con otros abortistas, de modo que formamos un grupo llamado ‘Georgia Abortion Providers’ ['Proveedores de Abortos del Estado de Georgia']. Era un grupo de cabildeo…parte [del objetivo] de esta cadena de abortistas era intercambiar ideas. El Atlanta Surgery Center [Centro de Sirugía de Atlanta] en Atlanta, Georgia…estuvo en las noticias el 11 de marzo de 1989, cuando Catherine Pierce sufrió un paro cardíaco. El fiscal del distrito vino al día siguiente y citó el expediente médico. No cerraron esa clínica, pero tomaron los expedientes médicos y se convocó una reunión para que todos nosotros no hablásemos sobre Catherine Pierce ni sobre el hecho de que ella estaba en coma e iba a morir, y ella murió en octubre, después de pasar muchos meses en una clínica. Nunca salió del coma. Nadie mencionaba a Catherine Pierce. Nadie dijo: ‘¿qué hay de esa pobre mujer?’ ¿Saben por qué? Porque no nos importaba lo que le pasara a ella. Nos preocupaba lo que nos podía pasar a nosotros. Hablábamos sobre qué podíamos hacer en caso de muerte, para que no nos atraparan. Ese era nuestro objetivo.
“En el futuro, creo que tendremos que enfrentarnos con una generación de mujeres que tendrán hepatitis B, que tendrán SIDA, porque lo han contraído a través de un aborto. Si se vuelve a usar una cánula de aspiración al vacío, se infectará a la persona siguiente. Cuando alguien está ocupado en una clínica no tiene tiempo para esterilizar los instrumentos, sino que los lava, los vuelve a empacar y a usar. Y cuando el Estado viene a inspeccionar sus libros, tienen esas cintas que se ponen en el autoclave, se les pone una fecha, las ponemos a manotadas y las sacamos, para mostrar que pusimos 15 veces a esterilizar los instrumentos en un día, cuando no fue así.
“¿Abortos incompletos? Ocurren muy frecuentemente. Yo los archivaba en mi oficina por separado; los mantenía bajo llave y nadie en lo absoluto tenía acceso a ellos sino yo. Ésas eran nuestras pacientes problemáticas. A ellas las sacaban de los archivos regulares porque no querían que ningún inspector que viniera sacara esos papeles. Eran de las mujeres que yo sabía que habíamos enviado a sus casas sangrando, o con otro problema. Eran las que yo sabía que iríamos a oír de ellas otra vez. Cuando yo empecé a trabajar allá teníamos un libro para anotar las complicaciones. Yo le pregunté al personal como hacían para recoger los datos para sus estadísticas. Me respondieron: ‘Bueno, adivinamos’. Yo dije: ‘Bueno, ustedes adivinan cuántas pacientes tienen complicaciones después de un aborto’. De modo que yo les digo esto porque si ustedes miran las estadísticas de los Centros para el Control de las Enfermedades [de los Estados Unidos], otras estadísticas que ustedes encontrarán y que muestran lo ’seguro’ que es el aborto legal, tienen que entender quién reporta esas estadísticas. Tengo un memorandum que vino de nuestro director nacional en esta compañía, y que establece que no se debe reportar si no hay hospitalización. No importa cuántas veces se perfora un útero, se taponea, se le da masajes al útero…y se les envía a su casa, no se reporta.
“Un incidente en particular que tuvimos cuando yo estaba trabajando en la clínica fue el caso de una niña de 14 años de edad. Su médico vino y me dijo: ‘Hellen, yo le perforé el útero y le saqué el intestino. ¿Qué hago?’ Entendí lo que él me quería decir. No me estaba preguntando qué debía hacer como médico; me preguntaba qué debía hacer para asegurarse de que todo seguiría escondido. Se tomó la decisión de meterle el intestino de nuevo y enviarla a su casa, porque les puedo asegurar que la vida y la muerte no significan nada en una clínica. Si no se respeta la vida del recién nacido, ¿cómo se puede respetar la vida de la madre y por qué?
“Si ella sobrevivió o murió no lo sé. Quisiera poder decirles que a mí me importaba, pero eso no era así, ya que yo no estaba allí para cuidar a las mujeres…Hay muchas cosas que pasan en una clínica que no se tolerarían si sucedieran en cualquier otra rama de la medicina. Y lo digo hablando como alguien [de] la industria de la medicina, pero es importante que entiendan hasta qué punto llega la gente en esa industria para preservar su imagen. No hay nada que sea demasiado bajo. Lo digo porque quiero que me entiendan que cuando yo trabajaba en eso no había intención de ayudarle a nadie. Yo misma buscaba tener dinero, así como una posición de poder y no me importaba sobre cuántos cadáveres tenía yo que pasar para llegar allá. Yo iba al laboratorio todos los días y veía bebés muertos todos los días durante tres años…Nunca…me importó. Si podía ver 50, estaba contenta. ¿Sabe que quería eso decir? Que yo iba a recibir un buen bono la próxima vez que me pagaran.
FUENTE: Tomado del video “Abortion, The Inside Story” de la organización pro vida “The Pro-Life Action League” (”La Liga de Acción por la Vida”), 1995. Traducido, doblado y distribuido por Vida Humana Internacional.
de verdad que cosa tan terrible