No Hay Más Grande Amor – Drama

Por Prosperada en 13 Enero, 2010, 10:55 pm

Personajes:jesus-en-la-cruz[1]

  1. Narrador.
  2. Jesús.
  3. Dios.
  4. Juan el bautista.
  5. Pedro.
  6. Juan.
  7. Andrés.
  8. Natanael.
  9. Judas –no el iscariote.
  10. Judas Iscariote.
  11. Anás.
  12. Caifas.
  13. Siervo.
  14. Fariseo 1.
  15. Fariseo 2.
  16. Fariseo 3.
  17. Soldado.
  18. Centurión.
  19. Pilato.
  20. Barrabás.
  21. Herodes.
  22. Herodías.
  23. Lázaro.
  24. María –hermana de Lázaro.
  25. Marta.
  26. El ladrón arrepentido
  27. María Magdalena.
  28. María –la madre de Jesús.
  29. La samaritana.
  30. El paralítico de Betesda.
  31. El ciego de Siloé.
  32. La mujer adultera.
  33. Nicodemo.
  34. Felipe.
  35. Angeles.

Extras:  sirvientes, multitud, soldados, etc.

Temas musicales, debí escoger estos porque yo no sé componer, pero eso se lo dejo a los salmistas de la iglesia:

En el Nombre de Dios, Sandi Patti –para las escenas donde se narran los milagros y señales-

Para morir nació, Rocío –para secciones de las escenas con Juan el bautista y de María-

Yo soy la Vida, Rocío –para la escena con Marta y María-

Hay una historia inconclusa, Andrea Francisco.

Camino, Verdad y Vida, Yolanda Vadiz –para la escena en que Jesús comparte la cena con sus discípulos-

Hosanna, Sandi Patti –Para la escena de la entrada triunfal a Jerusalén-

Quebrantado y derramado, Steve Green.

Vía Dolorosa, Sandi Patti –para la escena de la crucifixión y escenas relacionadas con esta-

Perdón, XXXIII DC, para la escena del ladrón.

¡Él Vive! Peregrino y Extranjeros –para escena de la resurrección-

¿Quién ha de llamarle Rey? Sandi Patti.

Vestuario:

  • Herdodes: túnica de colores brillantes y corona dorada brillante.
  • Pilato: Vestimenta propia de un procurador romano.
  • Soldado y centurión: armadura de estilo romano, centurión con el casco típico y la capa.
  • Anás y Caifas: vestimenta típica del sumo sacerdote y sacerdote.
  • Juan el bautista: túnica de piel y cinto de cuero.
  • El resto de los personajes con túnicas propias de la época.

Escena & Escenografía:

  • La ribera del Jordán.
  • La casa de Jesús.
  • La costa del Mar de Galilea –escena de la barca de Pedro y la segunda pesca milagrosa-.
  • La boda de Caná.
  • El palacio de Herodes.
  • La última cena.
  • El Getsemaní.
  • La sala del consejo del sanedrín, o la casa de Anás.
  • El patio de la casa de Anás, donde Pedro niega a Jesús.
  • La crucifixión.
  • La resurrección.

La historia se centra en las experiencias de las personas que les toco vivir cuando Jesús desarrolló su ministerio en la tierra, los personajes cuentan lo que vivieron con Jesús y cómo esto repercutió en sus vidas.

Es importante decir que hay secciones en que se deberá actuar en la medida que el personaje la narré, en otras directamente será como una obra tradicional.

En lo posible el personaje de Jesús no aparecerá en escena, sino que sólo se ha de escuchar su voz; y los demás personajes deberán hacer como que hablan con él…

Introducción.

Narrador: Esta es más que una representación o recreación de la vida de Jesús, en ella los personajes narran la historia desde sus vivencias y experiencias personales con Jesús, contándonos que es lo que más les impactó de este amor tan grande.

En ella podremos ver algunos de los momentos cumbres de la vida y el ministerio de Jesús.

Si bien es cierto que en la obra la historia ha sido adaptada, no se ha desviado de lo que narra la Biblia en los Evangelios, en especial se ha tomado como base el de San Juan, y algunos fragmentos del de Mateo, Marcos y Lucas.

Lo que esta obra pretende es ministrarnos que no hay amor más grande que este…

Escena 1.

Junto al río Jordán.

Narrador: La historia de Jesús es el mejor ejemplo de cómo debemos vivir la vida; Él vivió para cumplir un propósito, nunca dejó de tener en claro cual era su meta en la vida, redimir a la humanidad y mostrarle el camino a Dios. Jesús amó a los suyos con un a amor muy grande –y esto hasta el fin- él sabía de las imperfecciones de quienes lo rodeaban, sabía desde el principio como era cada uno, con sus características –defectos y virtudes-. Jesús conocía a cada uno, él sabía que Pedro lo iba a negar, e incluso que Judas Iscariote lo iba a entregar, pero los amó a pesar de todo eso, unos –como Pedro y los demás- supieron aprovechar esto y se dejaron moldear y lo más importante; se dejaron amar por este amor tan puro; en cambio otro –Judas Iscariote- no supo aprovechar este amor, y la mano de ayuda que le extendía aún hasta el último momento. Pero el siempre estuvo allí para amarlos, era tan dulce su compañía era tan lindo ver los milagros que el hacía, era hermoso ver que nos había amor más grande que el de Jesús…(“Hay una historia inconclusaâ€).

Juan el bautista: Aun recuerdo como me encontraba el desierto predicando, junto a río Jordán, y cómo el pueblo se juntaba para escuchar mi mensaje, allí estaban todos, recuerdo que  yo les decía: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderecen el camino del Señor, como lo dijo Isaías… Yo a la verdad bautizo con agua, pero entre ustedes esta alguien a quien no conocen, este es el que viene después de mí; y que era primero que yo, de quien yo no soy digno de desatar arrodillado los cordones de su calzado… muchos de ellos creían que yo era el Mesías, pero les tuve que decir que no lo era, que simplemente era un mensajero del Señor; ah, por cierto mi nombre es Juan, Juan el bautista, pero, por fin había llegado el momento… aún recuerdo esa mañana junto al río me encontraba bautizando cuando vi venir hacia mí a alguien que tenía sobre sí algo muy especial, la verdad es que no puedo decir que era, pero se podía experimentar una sensación de gloria, en ese momento supe que era el Cristo, por eso dije: He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Yo me sorprendí cuando él me pido que lo bautizara, porque yo no me creía digno, es más yo le dije que yo necesitaba ser bautizado por él(“Para morir nacióâ€)…

Jesús(voz en off): Es necesario que así se haga para que cumplamos todo lo que Dios dice.
Juan el bautista: Fue así que bauticé a Jesús, la verdad es que no lo podía creer, yo estaba bautizando al Hijo de Dios, al salvador y Redentor de la humanidad, pensar que muchos antes que hubieran querido tener el privilegio que yo tenía, pero no lo tuvieron, y esto me tocaba a mi, esto era increíble, era una sensación como nunca antes viví, era experimentar la gloria de Dios… pero lo más grande sucedió cuando Jesús salió del agua y el cielo se abrió y descendió el Espíritu Santo sobre él –en forma corporal como de paloma- esto era grandioso…

Dios(voz en off): Este es mi Hijo amado, en quien tengo toda complacencia…

Juan el bautista: Ya no había más dudas, era él, la palabra se había cumplido, era hora de que el tomara el centro del escenario, ya había cumplido mi papel, y era hora de retirarme, recuerdo que muchos de mis seguidores se preocuparon de que Jesús fuera “más popular que yoâ€, pero yo sabía que mi tarea estaba ya finalizando, por eso les dije que era necesario que él creciera, pero que yo menguara, porque en definitiva, el era el protagonista(sale)…

Escena 2.

Andrés: si esto era cierto yo debía estar con Jesús, fue así que lo seguimos, junto con otro más, la verdad que no éramos nada disimulados, y entonces…

Jesús(voz en off): ¿Me pueden decir por qué me están siguiendo? ¿Qué están buscando?

Andrés: La verdad que la pregunta nos dejó helados, no sabíamos que decir y balbuceando sólo dije: Maestro quisiéramos saber ¿dónde vives?

Jesús(voz en off): Vengan y les mostraré…

Andrés: Entonces fuimos con él hasta su casa, y como era tarde nos quedamos a pasar la noche, fue la noche más maravillosa de todas, aún la recuerdo, pero no pienso decirles nada de lo que hablamos eso será un secreto entre nosotros –hasta que estemos en la gloria-, pero lo que les puedo decir es que pudimos gustar su amor, ese grande y maravilloso amor, tal vez no haya hecho un milagro o una señal portentosa, tampoco hizo falta que nos dijera Yo soy el Cristo, no hacía falta, ya lo sabíamos tan sólo con estar con él, y eso era grandioso, la verdad que no hay amor más grande que este… cuando amaneció lo primero que hice fue contarle a mi hermano Pedro, a decirle que habíamos hallado al Mesías, o mejor dicho que el Mesías nos había hallado a nosotros…

Pedro: Yo era pescador, vivíamos junto al mar de Galilea; junto con Andrés mi hermano, recuerdo muy bien la brisa salada del mar y su sonido, me imagino las gaviotas y el trabajo arduo, pero satisfactorio, la verdad es que yo era bastante bruto, sólo conocía el trabajo, ese trabajo que me mantenía a mí y a mi familia, ese era mi mundo, ese mundo que yo conocía tan bien, hasta que un día apareció un hombre, un hombre maravilloso y grande, muy grande; y un nombre, un nombre dulce y delicioso como el atardecer en el tranquilo mar, un nombre que daba paz al alma, ese nombre era Jesús, la verdad es que yo había escuchado como es que este hombre hacía milagros y señales en el pueblo, incluso había oído decir que sus enseñanzas eran superiores a las de todos los maestros de la época, pero hasta ese momento la verdad que mucha importancia no le había prestado, aun recuerdo como siquiera sido ayer como es que esa mañana estabamos reparando nuestras redes, luego de una noche de y trabajo y sin haber podido pescar nada…

Jesús(voz en off): Pedro, me dejarías usar tu barca para que pueda hablarle a la gente…

Pedro: Por supuesto, Señor…

Jesús: Gracias, por favor retira la barca de la orilla…

Pedro: Y así lo hice, cuantas cosas maravillosas que dijo, para ser sincero lo que había oído no era ni la mitad de cierto, yo estaba sorprendido, pensar que cuando asistía a la sinagoga me quedaba dormido cuando el rabino daba su sermón, y ahora aquí estaba sin dormir, luego de una noche de infructuoso trabajo escuchando a un hombre que decía palabras tan llenas de vida, la verdad es que era estupendo…

Jesús(voz en off): Ahora que he terminado, quiero pedirte algo…

Pedro: Dime, Señor…

Jesús: Muy bien, ve mar a dentro y echa tus redes…

Pedro: Pero Señor, toda la noche hemos estado pescando, y nada hemos sacado, pero en tu palabra echaré la red… –si tengo que decir la verdad, es que humanamente era una locura, yo como pescador experimentado sabía que de día no se podía pescar porque los peces se encuentran en las zonas más profundas, sólo de noche se puede pescar debido a que suben a alimentarse, pero algo en Jesús me hacía confiar y por eso obedecía a sus palabras, si hubiera sido cualquier otro no le hubiera hecho caso, pero este hombre tenía algo especial… Y en ese momento, cuando subimos las redes estas estaban llenas de peces, eran tantos, que nos hundíamos y las redes se rompían, por esos tuvimos que llamar a los demás para que nos ayudarán con esta pesca… No lo podía creer, esto nunca había sucedido, entonces lo supe, Jesús no era un hombre común, él era el Hijo del Santo, y había subido a mi bote, siendo yo un pecador miserable y perdido, la verdad es que no merecía entender, pude sentir toda mi culpabilidad, entonces se lo dije- Señor apártate de mí, porque yo soy un hombre pecador –pero en ese momento vi los ojos de Jesús viéndome con una amor tan grande…

Jesús(voz en off): No tengas Miedo por lo que has visto, desde este día serás un pecador pero de hombres, tú eres Simón –junco quebradizo- hijo de Jonás pero desde este día se te conocerá como Pedro –Piedra-

Pedro: Él me conocía, sabía quien era yo, y aún así me amó, sabía que era débil y cobarde y sin embargo me amó, por eso afirmo que no hay amor más grande; y desde ese momento lo seguí…

Escena 3.

Felipe: cuando Jesús me llamó lo primero que hice fue contarle a mi amigo Natanael…

Natanael: La verdad es que yo era bastante escéptico de todo esto, mucho más cuando Felipe me dijo que este supuesto Mesías era de Nazaret, justamente de Nazaret ha de salir algo bueno –le dije yo-…

Felipe: Entonces –le dije- ven y mira…

Jesús(voz en off): He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño…

Natanael: ¿Qué? –La verdad es que estaba bastante sorprendido, porque este hombre hablaba como si me conociera- ¿De dónde me conoces?

Jesús(voz en off): antes de que hablaras con Felipe, cuando estabas sentado debajo de la higuera yo te vi…

Natanael: Estaba sorprendido, este hombre, un extraño para mí me conocía… –Tú eres el Rey de Israel-

Jesús(voz en off): ¿Por qué te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Prepárate, porque cosas mayores que estas verás…

Natanael: ¿Cosas mayores? ¿Qué quieres decir Señor?

Jesús(voz en off): De cierto, de cierto te digo: De aquí en adelante verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre…

Escena 4.

María: Yo tuve el privilegio de ser su madre, de tenerlo en mi vientre, de ser la escogida, aún recuerdo como si fuera ayer cuando recibí la visita del arcángel Gabriel anunciándome que yo era la elegida para traer al mundo al Hijo de Dios, que gozo tan grande sentí, pero también tuve miedo –tengo que reconocerlo- la verdad es que era raro, ya que era una mezcla de dos emociones juntas, pero fue glorioso, pensar que muchas jóvenes vírgenes en Israel habían anhelado por años ser la madre del Mesías y ese privilegio se me otorgaba a mí, a María –una mujer cuyo nombre significaba amargura porque había nacido bajo el yugo del imperio romano- pero Dios me miró y me escogió, no porque fuera yo mejor que otras o más especial, sino porque en su gracia y misericordia yo estaba en su plan, y eso me emociona, pues es emocionante pensar que él me escogió en su amor, es emocionante saber que él me amó… Aunque tengo que decir que no era fácil ser la madre de este Hijo tan especial, por un lado yo sabía que él no me pertenecía y que era mi Señor; y por el otro verlo significaba la esperanza de saber que Dios había cumplido su palabra, aún recuerdo sus milagros, pero viene a mi mente uno en especial, cuando nos invitaron a una boda en Caná, todo iba bien, hasta que empecé a ver que los sirvientes del novio estaban algo nerviosos… ¿Qué pasa? ¿por qué están tan preocupados?(“Para morir nacióâ€).

Sirviente 1: Es que ha pasado algo terrible, nos hemos quedado sin vino y la boda aún no ha terminado…

María: Tal vez para ustedes esto no sea nada, pero para nuestra época era algo terrible, en especial para el novio, ya que los invitados podían sentirse mal atendidos y podían demandar al dueño de casa y este podía terminar en la cárcel, por eso estaban preocupados… Yo la verdad no me quería quedar de brazos cruzados, pero ¿qué podía hacer? Entonces fui al único que podía hacer algo… Jesús, esta gente tiene un serio problema, se han quedado sin vino…

Jesús(voz en off): ¿Qué tienes conmigo mujer? Aún no ha llegado mi momento…

María: -al sirviente- ahora hagan todo lo que él les diga y confíen…

Jesús(Voz en off): Vayan y llenen esos cántaros con agua y luego de que lo hayan hecho háganselo probar al Maestresala…

Sirviente 2: Pero eso es ridículo, si hacemos esto nos van a matar…

Sirviente 1: Ya escuchaste lo que nos dijo, hagámoslo, porque de todos modos estamos perdidos si los invitados se enteran de que no hay vino(salen).

María: Cuando estos hombres hicieron lo que Jesús les dijo, se produjo el milagro, pues el agua se transformó en el mejor vino que jamás había probado, y todos quedaron satisfechos, y pensar que él me había elegido a mí, yo era parte de este milagro y me gozaba por serlo, no hay más grande amor que este, que habiendo tantas mejores que yo, él me haya escogido a mí…

Escena 5.

Herodes: Jesús, Jesús, todos están hablando de ese hombre, ¿qué tiene ese hombre que todos hablan de él?

Herodias: Dicen que este hombre tiene el poder de sanar a los enfermos, de alimentar las multitudes, de calmar las tormentas y de resucitar a los muertos…

Herodes: Esto no me gusta nada, no es bueno…

Herodías: ¿A qué te refieres?

Herodes: Yo creo que este hombre es Juan el bautista que ha resucitado…

Herodías: No seas ridículo, Juan el bautista está bien muerto, recuerda que tu mismo le hiciste cortar la cabeza…

Herodes: Si, a pedido tuyo, pero yo quisiera conocer a ese tal Jesús y verle hacer alguna señal, además, me preocupa lo que los romanos pudieran hacer si esto se llega extender, ya demasiados problemas me causa mi enemistad con Poncio Pilatos…

Herodías: ¿Sabes lo que estoy pensando? Que ese Jesús puede proporcionar a los judíos una razón para revelarse…

Herodes: ¿Qué quieres decir? Muchas veces otros se han tratado de revelar y han fallado ¿qué puede hacer este hombre, qué lo haría diferente?

Herodías: Herodes, Herodes, tú puedes ser el rey, pero no eres muy inteligente, ojalá fueras un poco como tu padre el magnifico Herodes el grande, este hombre, este Jesús, es diferente, no es como los otros, ya que los otros no hacían las señales que éste hace, imagínate, por ejemplo, que pasaría si un grupo de judíos se revelase, y Jesús estuviera con ellos, ¿qué harías?…

Herodes: Lo primero que haríamos sería sitiar la ciudad, o el lugar donde ellos se encuentren, cortarles todas las fuertes de provisiones y esperar, y se acabó el problema…

Herodías: Ves que no me escuchas, yo te dije que harías si Jesús estuviera con ellos, todo lo que tú has dicho lo hacían con hombres comunes, pero ¿qué podrían hacer con este hombre? Recuerda que él puede multiplicar los alimentos, él alimentó a una multitud de 5000 personas con cinco panes y dos peces, y luego a otros 4000, eso sin contar todas las mujeres y niños que había allí, nunca les faltarían provisiones, y si lo hizo con los alimentos ¿no podrían hacer lo mismo con el armamento?

Herodes: No había pensado en eso…

Herodías: La verdad no me sorprende, pero continuemos, como él puede sanar a los enfermos, ¿no podría también sanar a los heridos en la batalla e incluso resucitar a los muertos? Nunca tendrían bajas en sus filas, además, si tiene el poder para calmar las tempestades, ¿no podría también convocarlas?

Herodes: Pero él nunca haría eso, me han dicho que sus predicas hablan del amor al prójimo, del perdón, y de todas esas cosas…

Herodías; Pero ¿qué hay de todos los que lo rodean? ¿Tú crees que no lo podrían convencer de volverse en contra de sus opresores? Recuerda que Jesús sigue siendo judío, y los judíos odian a los romanos y quieren que se vayan de su tierra, además, muchos creen que este Jesús es el Mesías, ese mítico rey que los judíos esperan para librarlos de sus enemigos…

Herodes: Tienes razón esto es terrible, ¿qué voy a hacer?

Herodías: Tranquilo, no te preocupes, para tu suerte estoy aquí, yo te recomiendo que termines lo que tu padre, Herodes el grande comenzó y dejó inconcluso hace treinta años atrás…

Herodes: No te entiendo…

Herodías: Nunca lo haces, pero no importa, lo que quiero decir es que tú debes encargarte del rey de los judíos, ese rey que tu padre trató de destruir cuando mandó matar a todos los niños menores de 2 años de Belén y de sus regiones aledañas…

Herodes: Hecho por el cual todos odian aún más a mi familia, si hasta casi tuvimos problemas con los romanos ¿Pero que tiene que ver eso con Jesús?

Herodías: Me he tomado el trabajo de investigar y descubrí que este tal Jesús se crió en Egipto, pero que su madre lo dio a luz en un establo de Belén en la época del gran censo, saca cuentas y todo cierra…

Herodes: Eres muy ingeniosa y malvada querida mía, si Jezabel viviera serías tu misma…

Herodías: Es que yo tengo su mismo espíritu y esencia…

Herodes: Pero ¿qué vamos a hacer con Jesús, matarlo?

Herodías: No algo mucho mejor, atraparlo y convencerlo de que use esos poderes a nuestro beneficio, ¿te imaginas tener esas facultades?

Herodes: No…

Herodias: Por los dioses, que tonto eres, imagínate si en vez de que esos poderes sean utilizados y malgastados a favor del pueblo pudieran ser aprovechados por nosotros, ¿quién se nos podría resistir? Nadie, ni siquiera el Cesar ni sus fuerzas, toda Palestina sería completamente nuestra, incluso Roma podría caer en nuestras manos…

Herodes: No sueñes despierta Herodías, tu ambición de poder te esta haciendo alucinar; tú crees que Jesús se dejaría utilizar por nosotros, recuerda que además de todas esas señales, este hombre puede conocer el corazón de las personas, ya el sanedrín ha tratado de atraparlo para deshacerse de él, pero no lo ha logrado, es más le temen. Además, ten cuidado con lo que dices, recuerda que Cesar tiene oídos por todos lados, si alguien llegará a comentarle a Pilatos lo que has dicho seriamos acusados de alta traición, seriamos muertos, pero de una cosa puedes estar segura y es de que quiero conocer a ese tal Jesús y verlo cara a cara, tengo mucha curiosidad por ver actuar esos poderes…

Escena 6.

Anás: ¡Ese Jesús se está convirtiendo en un verdadero problema! Tenemos que hacer algo de inmediato, porque si no, no sé lo que puede llegar a pasar…

Fariseo 1: ¿Pero qué podemos hacer? Recuerden que todo el pueblo tiene a Jesús por profeta…

Fariseo 2: Si, además él está haciendo muchas señales y milagros…

Fariseo 3: Incluso hay personas que creen que él es el Mesías…

Fariseo 1: ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Pero la gente que ha creído en él, es la que no conoce la ley, y es maldita…

Nicodemo: ¿Es qué acaso nuestra ley juzga a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?

Fariseo 1: No seas idiota, Nicodemo, este tal Jesús es de Galilea; estudia las Escrituras y los registros y verás que jamás de allí se ha levantado profeta alguno, este hombre es sólo un engañador y debe ser juzgado como tal, o ¿es que tú eres también galileo y crees en él?…

Anás: ¡Basta! Ya ha sido suficiente por hoy, creo que mejor continuamos mañana, pueden retirarse todos(se levantan y salen)…

Escena 7.

Cuando salen todos ellos entra Caifas…

Caifas: Y ¿qué sucedió? No pude llegar antes a la reunión…

Anás: Y paso lo que ocurre siempre, Caifas, todos dicen que hay que hacer algo, pero tienen miedo, además, ese tonto de Nicodemo está defendiendo a Jesús, yo sé que él ha ido a entrevistarse con el, nuestro espía asi me lo ha dicho…

Caifas: ¿Y qué piensas hacer con él, Anás?

Anás: Nada, lo que a mi me importa en deshacerme de Jesús, porque si nos deshacemos de él sus seguidores serán esparcidos, pero no sé como, y eso me preocupa…(en ese momento entra un sirviente)…

Siervo: Permiso mi señor, tengo un mensaje para Ud…(le alcanza un sobre)…

Anás: Puedes retirarte…

Siervo: Como Ud. ordene(sale)…

Anás: Veamos de que se trata(abre el sobre y saca el mensaje lo lee)… ¡Maldición!

Caifas: ¿Qué sucede? ¿Por qué maldices?

Anás: Es ese Jesús…

Caifas: ¿Qué pasa? ¿Qué ha hecho ahora?

Anás: Ha resucitado a un muerto, un hombre llamado Lázaro de la aldea de Betania, y muchos más han creído en él al ver esta señal, además, muchos van, no sólo por Jesús sino por ver a ese tal Lázaro, esto no me gusta, si Jesús sigue haciendo estas señales todos van a creer en él, los romanos al ver esto van a venir y destruirán nuestro lugar santo, nuestras costumbres y no quitaran todo…

Caifas: No te preocupes, que eso no va a pasar…

Anás: ¿Cómo estás tan seguro?

Caifas: Tú no sabes nada, ni siquiera piensas ni consideras que nos conviene que un hombre –imagina quién- muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca…

Anás: Tú quieres decir que…

Caifas: Quiero decir que nos conviene que Jesús muera; y así nos quitamos un problema de encima…

Anás: Ese plan me gusta, ¿pero como hacemos eso? ¿Cómo acercarnos a Jesús sin despertar sospechas? El pueblo lo ama, y se puede armar un alboroto, y yo no quiero eso porque eso no nos convendría…

Caifas: No te preocupes, tengo a alguien, que es parte de los seguidores de Jesús que se ha ofrecido a entregárnoslo con tal que le paguemos una buena suma de dinero…

Anás: Pero ¿esta persona es de confianza?

Caifas: Es un oportunista que se unió a Jesús para sacar provecho y vivir a sus expensas, pero parece que como no le ha ido muy bien quiere ayudarnos a cambio de una recompensa, lo he citado para que venga aquí…

Anás: ¿Y como se llama?

Caifas: Judas, le dicen Judas el iscariote…

Escena 8.

Entra el siervo…

Siervo: Señor, en la puerta hay alguien que desea verlo, dice que tiene una audiencia…

Anás: ¿Qué aspecto tiene?

Siervo: Es un hombre común, del vulgo, nada importante… dice que se llama Judas, Judas el iscariote…

Caifas: ¡Es él!

Anás: Hazlo pasar…

Siervo: Como Ud. ordene(sale, cuando regresa lo hace con Judas, luego se va).

Anás: (caminando alrededor de él y examinándolo) Así que tú eres Judas el iscariote, ¿y tu dices que puedes entregarnos a Jesús?

Judas: Si…

Anás: ¿Y cómo podemos estar seguros de que  no nos traicionarás como a Jesús y que haces esto tan sólo para ganar dinero?

Judas:  Es que no puede estar seguro de eso, pero no se preocupe, puede confiar en mí, todo va a resultar bien…

Caifas: ¿Y cómo estás tan seguro de eso?

Judas: Yo soy el hombre de mayor confianza del grupo…

Anás: ¿Es qué eres parte del grupo íntimo de Jesús?

Judas: No tanto, si bien es cierto pertenezco a sus doce discípulos; yo soy el tesorero del grupo, me tienen confianza y nunca sospechan de mí… yo puedo buscar el momento para entregárselos, pero Uds. Van a tener que pagar bien, porque esto les va a costar y mucho…

Anás: De eso no te preocupes…

Caifas: Serás recompensado grandemente…

Judas: ¿Si? ¿Cuánto?

Caifas: ¡Ahora verás!(palmea las manos y entra un sirviente con un cofre)… ¡Ãbrelo!

Judas lo abre y mira el interior asombrado…

Caifas: ¡Treinta piezas de plata! Ni una más ni una menos, tómalo o déjalo…

Judas: ¡Acepto!(se dirige a tomar el cofre, pero el sirviente lo cierra y se lo lleva).

Caifas: ¡No tan rápido amigo! Tú tendrás tu recompensa cuando nosotros tengamos lo que queremos, es decir a Jesús…

Anás: Si, entrégalo; y te daremos lo que quieres…

Caifas: Es muy justo…

Judas: Entonces que así sea…

Anás: Trato hecho… tú nos entregas a Jesús y nosotros te damos el dinero…

Caifas: Y no vuelvas por aquí hasta que lo tengas…

Anás: No hagas mención de esto a nadie, nosotros nos pondremos en contacto contigo por medio de nuestros espías, ellos te harán llegar nuestros mensajes y nos traerán los tuyos, ¿está claro?

Judas: Si…

Caifas: ¡Excelente!

Las luces empiezan a bajar, hasta quedar todo a oscuras, sólo Judas queda iluminado en medio de la escena…

Judas: ¡Si, yo he decido traicionar Jesús! Venderlo si se quiere, pero por favor no piensen mal de mí ya que muchos de ustedes hubieran hecho lo mismo, pónganse en mi situación, yo sólo soy un oportunista que busca pasarla bien, yo me uní a Jesús no porque creyera en él, sino para aprovecharme, yo soy el tesorero y robo de todo lo que se le da, y él no lo sabe, pero eso no era suficiente, yo quiero más; y esta es mi oportunidad, ya me canse de ser pobre, yo con ese dinero voy a comprar la ciudadanía romana, y no voy a esperar más la liberación de Dios, además ni siquiera creo que Dios se acuerde de nosotros, tengo que decir que me dan lástima aquellos que creen que Jesús es el Mesías, eso es imposible, ¿Jesús el Mesías? No lo creo, lo único en que yo creo es en el dinero contante y sonante…(se apaga la luz y queda todo a oscuras)…

Escena 9.

Nicodemo: Yo soy Nicodemo, soy fariseo, un día o mejor dicho una noche me acerqué a hablar con Jesús, la verdad que lo hice de noche porque tenía temor de los demás fariseos, porque ellos tal vez se opondrían a que yo pudiera hablar con él libremente. Para ser sincero me maravillaba que este hombre, nacido en un hogar sin letra pudiera decir tantas cosas tan sabias, esto me extrañaba, o era un charlatán o verdaderamente era el Mesías; yo tenía que salir de mi duda… cuando estuve con él pude sentir su amor, ese amor tan grande, sus ojos me miraban con bondad, jamás voy a poder olvidarme del amor que destilaba su persona, recuerdo que le dije: Maestro todos sabemos que has venido de Dios como Maestro; porque nadie puede hacer las señales y milagros que tú haces si Dios no está con él… Yo pensé que con esta conversación podría romper el hielo y así ganarme su amistad, pero su respuesta me sorprendió…

Jesús(voz en off): Te digo de verdad que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios…

Nicodemo: Eso si que no me lo esperaba, nacer de nuevo ¿nacer de nuevo? ¿Era eso posible? ¿Era posible para un hombre viejo como yo entrar nuevamente al vientre de su madre y nacer nuevamente? ¿Qué cosa más extraña me estaba diciendo Jesús? ¿Es que acaso estaba loco? ¿Qué me estaba queriendo decir?

Jesús(voz en off): ¡Pobre Nicodemo! Estás tratando de entender con tu mente algo que debes creer y recibir con tu espíritu, de verdad te digo que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Porque lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es, no te sorprendas de que te dije que es necesario nacer de nuevo. Cuando el viento sopla, tú a la verdad puedes oírlo; pero no sabes de donde viene, ni hacia dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu…

Nicodemo: La verdad que cada vez entendía menos ¿cómo podría hacerse esto? En mis años de fariseo y doctor de la ley jamás había escuchado esto, y eso que había oído a casi todos los maestros de mi tiempo, pero esto, la verdad, era la primera vez que lo oía…

Jesús(voz en off): Nicodemo ¿tú eres un maestro en Israel y no sabes esto? Sólo podemos hablar de lo que sabemos y testificar de lo que hemos oído, pero ustedes no reciben mi testimonio. Si les dije las cosas terrenales, y no pueden creer, ¿cómo podrán creer entonces, si les dijera las celestiales?

Nicodemo: Yo estaba sorprendido por todo lo que él me decía, era cierto, este hombre, este Jesús tenía que ser el Mesías, ¿quién otro podría ser? ¿Qué otro podría hablar estas palabras tan profundas?

Jesús(voz en off): Pero mi querido Nicodemo, lo que verdaderamente es importante y que todos deben aceptar y recibir es que: De tal manera Dios –mi Padre- amo al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito –a mí, Jesús- para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna…

Nicodemo: Para mí esto era suficiente, esto quitaba todas mis dudas, él es el Mesías; la verdad es que no hay más grande amor que este amor de Dios que ha enviado a su Hijo para darnos vida eterna…

Escena 10.

Juan: yo soy Juan, y estuve con Jesús, yo lo vi hacer todas las señales y milagros; además escuche sus enseñanzas, yo vi su gloria y como se manifestaba su poder, yo pude ver que no hay más grande amor; y que Jesús todo lo sabía porque miraba en el corazón de todo hombre, era extraordinario ver a las multitudes acercarse a él, muchos decían que él era un engañador, un simple carpintero, pero yo sabía, claro que sabía, que él era el Mesías… (en esta parte va el tema musical: “En el Nombre de Diosâ€)…

La samaritana: Yo vivía en Sicar, una ciudad de Samaria, la verdad que mi vida no había sido nunca fácil, todo lo que había empezado había terminado en fracaso, imagínense que llevaba sobre mí cinco matrimonios y ni uno había resultado como yo lo esperaba, para colmo de males toda la ciudad me miraba con malos ojos, yo era la pecadora, nadie me dirigía la palabra, las mujeres al ver que yo venía bajaban la miraba y se cruzaban al otro lado; pero lo peor era ir a buscar al agua al pozo de Jacob, tener que escuchar las palabras hirientes de las demás mujeres ¡era terrible! ¿Es qué no era suficiente tener que sufrir el fracaso, sino que además tenía que soportar el ser juzgada y rechazada por los demás? Eso no lo podía soportar, por eso yo iba a buscar agua en las horas en que sabía que nadie estaría allí… Pero un día cuando llegué allí me encontré con un hombre, a decir verdad, era una hombre distinto a todos los que antes había visto, este me miraba con amor, sus ojos irradiaban paz, esa paz que tanto había deseado mi alma… Pero también me di cuenta que este hombre era judío… durante siglos los samaritanos y los judíos nos habíamos odiado y rechazado, los judíos nos llamaban perros samaritanos, y ahora tenía a uno de ellos allí, sentado ante mí…

Jesús(voz en off): Mujer, te pido que me des un poco de agua para beber…

La samaritana: ¡No lo podía creer! Un judío pidiéndome agua a mí, a una miserable samaritana, esto era de no creerse, por fin en toda mi vida me sentía superior, por fin tenía el poder… ¿cómo este hombre siendo judío se atrevía a pedirme agua a mí, que era una miserable mujer samaritana? La verdad, que iba a jugar el juego del gato y el ratón con este judío, tal vez hasta le vendería el agua, porque esta vez yo llevaba las de ganar…

Jesús(voz en off): Si de verdad conocieras el regalo de Dios, y quién es el que te pide agua para beber, tú me estarías pidiendo, y te daría el agua viva…

La samaritana: ¿Qué decía este hombre? ¿Él tenía el agua viva? ¿Cómo podía ser? Esto debía de ser una broma o algo así…

Jesús(voz en off): Todo el que beba del agua que yo le de, no volverá a tener sed jamás; sino que el agua que yo le de ha de ser en él una fuente de agua que salte y brote para vida eterna…

La samaritana: ¡Ya anhelaba eso! Saciar mi alma con ríos de agua viva que calmará mi sed interior, esa sed que por años trate de ahogar en le agua del pozo de Jacob, pero que nunca había podido aplacar, pues ahora pienso que no hubiera ni con cientos de miles de pozos de agua, porque la sed estaba en mi alma… Pero esta era mi oportunidad, yo quería de esas aguas, entonces mire a este hombre y le pedí que me diera de esa agua…

Jesús(voz en off): Entonces ve y busca y trae a tu marido…

La samaritana: ¿Mi marido? ¿Cómo explicarle a este hombre todo lo que yo había pasado y sufrido? ¿Tal vez si se enteraba no me daría de esa agua? ¿Qué podía yo decirle? Si yo estaba viviendo con un hombre, pero sin haberme casado con él, entonces le dije que yo no tenía marido…

Jesús(voz en off): Bien, has dicho la verdad, porque no tienes marido; porque cinco maridos has tenido, y con él que ahora vives no estás casada…

La samaritana: ¿Cómo lo sabía? Me parecía que este hombre era un profeta, pero no, era algo más, lo podía sentir, al oír su voz al ver sus ojos, porque él al decirme todo lo que mi vida había sido no me había juzgado, sino que yo podía ver el perdón en su mirada, y en su voz, este hombre me revelo que no hay más grande amor que el amor de Dios, porque este hombre era Jesús, el Mesías prometido, el Cristo de Dios, que había venido hacia mí, a una mujer pecadora y samaritana…(“En el Nombre de Diosâ€)…

El paralítico de Betesda: Aún lo recuerdo, treinta y ocho años de sufrimiento, treinta y ocho años al borde de un estanque esperando una solución que cada vez se alejaba más, yo nunca podía alcanzar lo que deseaba, y me miraba terminando mis días allí, tirado como perro, muriendo en la ruina y el dolor de ese lugar, eran largas noches de agonía, oyendo el gemido de los enfermos y dolientes, esperando que algo aconteciera, y que un milagro ocurriera, pero siempre era para otro y nunca para mí, y mi vida paso y se me iba y con cada día una parte de mí iba muriendo…

Jesús(voz en off): ¿Quieres ser sano?

El paralítico de Betesda: ¿Qué si quiero ser sano? ¿Qué clase de pregunta era esa? Hombre, llevaba treinta y ocho años esperando por mi sanidad, y este hombre me preguntaba que si quería ser sano, claro que quería ser sano, pero no había nadie que me ayudará…

Jesús(voz en off): ¡Levántate, toma tu lecho, y anda!

El paralítico de Betesda: En ese momento mis piernas muertas e inútiles desde hacía tantos años comenzaron a moverse, podía sentirlas de nuevo, y luego, después de muchos años me puse de pie, ese día corrí, salte, hice todo lo que no había hecho por años, Jesús me había encontrado y me había sanado, no hay más grande amor que este(“En el Nombre de Diosâ€)…

La mujer adultera: Viene a mi mente el recuerdo de ese día, un día terrible y vergonzoso, cuando los ancianos y principales de los judíos me habían sorprendido infringiendo la ley; esta gente iba a sacarme fuera de la ciudad para apedrearme, pero antes me llevaron ante un hombre; y empezaron acusarme…

Hombre: Maestro, hemos encontrado a esta mujer cometiendo un pecado digno de muerte, nuestra ley manda que debe morir apedreada, ¿tú que consejo nos das?

La mujer adultera: Pero este hombre lejos de prestarles atención escribía en el suelo sin levantar la vista, era como si no escuchará a toda esta gente que me acusaba…

Hombre: Señor, mira que tenemos que hacer algo, esta es una pecadora que ha roto la ley, debe hacerse justicia…

La mujer adultera: Yo algo había oído de este hombre, sabía que era un hombre justo y que enseñaba la justicia en el nombre de Dios, un hombre como él de seguro me condenaría, porque yo había pecado, esa era la ley…

Jesús(voz en off): El que de ustedes no tenga ningún pecado –pero ninguno- que lance la primera piedra…

La mujer adultera: Él era el único que no tenía pecado. Él era el único que podía haber tirado la piedra. Así que cuando los hombres bajaron la cabeza avergonzados y se fueron uno a uno sin decir una palabra, y quedamos solos, este hombre y yo, entonces levanto su mirada y sus ojos se clavaron en mi y el perdón entre en mi vida con sólo verlo…

Jesús(voz en off): ¿dónde están los que te condenaban? ¿Ninguno te condeno?

La mujer adultera: No, ninguno me había condenado, estaba libre…

Jesús(voz en off): Entonces ni yo te condeno, puedes irte, pero no vuelvas a pecar…

La mujer adultera: Allí conocí que no hay más grande amor que aquel que puede perdonar todo pecado y maldad, él me perdonó y no me condenó. Me di cuenta que el que estaba frente a mí era el Mesías y que solamente él podía acusarme. Sin embargo él me dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más. Sus ojos son el espejo de misericordia y compasión que, aún hoy, alcanzan a todos aquellos lo conocen y lo buscan(“En el Nombre de Diosâ€)…

El ciego de Siloé: Yo no sé como pasó, pero sé que yo era ciego, nunca había visto el sol, el cielo, las nubes, nunca había podido ver la belleza de todo lo que Dios creó, porque yo era ciego de nacimiento, ¡Qué cosa más triste! No conocer a tu papá ni a tu mamá, no saber como eran sus rostros, y para peor escuchar ¿quién era el que había pecado para que yo hubiera nacido ciego? Pero un día un hombre tocó mis ojos, con barro…

Jesús(voz en off): Ve a lavarte en el estanque de Siloé…

El ciego de Siloé: Cuando fui y me lavé pude ver por primera vez, yo veía el sol, veía el sol, veía mis manos, veía mi rostro reflejado en el estanque, por primera vez veía la ciudad en la que había nacido y vivido, era para mi como haber nacido nuevamente, todos al verme se sorprendían, otros no creían, me preguntaban que había hecho para abrirme los ojos, algunos decían que este hombre no era bueno, pero lo que yo sabía es que este hombre me había abierto los ojos a mi, uno que había nacido ciego(“En el Nombre de Diosâ€)…

Juan: Estas y muchas más cosas hizo Jesús; y todo el que se encontraba con él era transformado y tocado por su amor, ese amor que había venido en la persona de Jesús…

Escena 11.

María de Betania: Era un día como tantos, pero no era igual, ese día tenía que ser especial, allí estábamos todos los amigos de Jesús, todos los que habíamos sido tocados por su amor y habíamos comprobado que no hay amor más grande que el de él, tanto habíamos recibido de él que queríamos agradecerle, Marta y yo por habernos devuelto a nuestro hermano Lázaro, Simón, por haberle devuelto su vida, ya que él era leproso y Jesús lo había sanado, a propósito mi nombre María, María de Betania. Esa fiesta sería distinta, sería una fiesta para Jesús, si bien es cierto que Jesús en otras oportunidades había tenido reuniones con nosotros esta sería diferente, si me preguntan por qué, la verdad no hubiera sabido decirles, pero en mi interior sabía que esa fiesta sería diferente, luego sabría que sería la última que Jesús tendría. Todo era alboroto, mi hermana Marta era la encargada de servir, esa era su especialidad, había preparado la mejor cena, sacado la mejor vajilla, dispuso la casa de la mejor manera; Simón había abierto su casa para realizar la fiesta, pero yo, no había hecho nada especial para Jesús, y la verdad quería hacerlo, pero ¿qué? ¿Qué le podía dar a él si yo no tenía nada? Yo no podía servir como mi hermana; o como el agradecimiento de los demás, yo no podía darle nada porque tenía mis manos vacías, y quería darle algo, entonces recordé que tenía algo que podía darle y fui a buscarlo, era un perfume muy costoso, que venía en un frasco de alabastro, era una libra de perfume de nardo puro, el precio de este era el equivalente al salario de un año de un obrero calificado, cuando el vaso se rompía ya no se podía volver a utilizar ya que había que derramarlo todo, este perfume se utilizaba en ocasiones especiales, y esta ocasión era especial, la más especial de todas. Me introduje en la habitación donde Jesús estaba y rompí el vaso y derramésu contenido sobre él y sobre su pies y los enjuagué con mis cabellos, toda la casa fue llena de la fragancia del perfume, ese momento era mío y de Jesús, la eternidad pareció detenerse allí, y sólo estábamos con el Señor, no había nadie más en el universo…(“Quebrantado y derramadoâ€)…

Judas Iscariote: ¡Qué desperdicio más grande que se hizo! ¿Por qué mejor no se vendió este perfume por un gran precio y ese dinero dado a los pobres? –Al pobre de mí por ejemplo, pienso en el dinero que esta tonta desperdicio y sufro por dentro, ¡de la que me perdí porque esta desperdicio esto!-

Jesús(voz en off): ¡Qué nadie moleste a María! Porque ella ha hecho esto porque me ama, además para el día de mi sepultura ha guardado esto, y donde se predique mi Evangelio se recordará lo que ella ha hecho por mí…

Juan: ¿Muerte?

Pedro: ¿Sepultura?

Andrés: ¿De qué esta hablando?

María de Betania: Muchos no me habían comprendido, pero Jesús si; El supo qué era lo que yo quería expresar y llegó a su corazón, me alegra haber hecho algo que al Señor complaciera, ese era mi mayor anhelo, porque no hay más grande amor que aquel que todo lo da; y él había hecho eso…

Escena 12.

Juan: Ninguno de nosotros sabíamos lo que Jesús quiso decir con estas palabras, pero al otro día nos olvidamos de esto, ya que en ese día una gran multitud que había venido a la fiesta de la Pascua, al enterarse de que Jesús venía a Jerusalén tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle…

Multitud: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!(“Hosannaâ€)…

Juan: Y Jesús entró a Jerusalén montado en una asno, como señal de paz, porque así está escrito: “No temas, hija de Sion;

He aquí tu Rey viene,

Montado sobre un pollino de asnaâ€.

Juan: Puedo recordar la algarabía que había en la ciudad, todo eso era tan emocionante…

Felipe: ¡Si, yo también lo recuero! Yo estuve allí, también me acuerdo cuando se me acercaron unos griegos queriendo ver a Jesús, ¿te acordas Andrés?

Andrés: Claro que si Felipe, claro que me acuerdo, si fuimos juntos a decírselo a Jesús…

Jesús(voz en off): Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto les digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto(“Y si vivimosâ€)… Ahora está turbada mi alma; ¿y que diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre glorifica tu nombre…

Pedro: Juan ¿Qué quiere decir con todo eso?

Juan: Yo no lo sé…

Dios(voz en off): LO HE GLORIFICADO, Y LO GLORIFICARÉ OTRA VEZ…

Juan: La verdad que todos al oír esa voz nos sorprendimos, unos decían una cosa, otros decían otra, pero de algo estábamos seguros y era de que Jesús era el Mesías…

Escena 13.

[Para esta escena se necesitan que estén juntos Pedro, Juan, Andrés, Felipe, Judas, Judas Iscariote]

Pedro: Esa noche fue especial esa celebración fue única, aún la recuerdo, estamos todos allí…

Juan: Él nos había amado hasta el fin, estábamos cenado recuerdo, Jesús a la cabeza, entonces él se levantó de su lugar y se quitó su manto, y tomo una toalla, puso agua en un recipiente y ante nuestra sorpresa empezó a lavar nuestros pies…

Pedro: No lo podía creer, él lavándonos los pies a nosotros, débiles y miserables criaturas, eso no podía ser, cuando éramos nosotros los que debíamos estar sirviéndolo a él. Jesús vino para lavarme los pies, yo no podía permitir eso, esto era una humillación para él…

Jesús(voz en off): Lo que yo hago, no lo puedes comprender ahora; pero lo entenderás después…

Pedro: Es que yo no podía entender que él quisiera lavarme los pies a mí, yo no iba a permitir eso, yo debía estar lavándole los pies a él…

Jesús: Pedro, mi querido Pedro si no te lavo los pies, no puedes tener parte conmigo…

Pedro: Luego de oír esto acepté, porque yo quería tener parte con él, yo quería disfrutar de su comunión…

Jesús(voz en off): ¿Saben lo que hice? Ustedes me llaman Maestro, y Señor; y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado sus pies, ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Porque ejemplo les he dado, para que como yo hice, ustedes también hagan… Ay, mis amados amigos, la verdad les digo que uno de ustedes me va a entregar…

Pedro: Esto no podía ser posible…

Felipe: ¿Un traidor entre nosotros?

Andrés: ¿Uno de nosotros entregarte?

Juan: Eso no podía ser cierto, nosotros no podíamos creer lo que oíamos, todos los demás estaban confundidos, mientras yo, yo estaba en el mejor lugar recostado a su lado, yo sabía que él me amaba, como vi que Pedro me hacia señas, le pregunte ¿quién era él que lo iba a entregar?

Judas Iscariote: No podía ser Jesús sabía de la traición, eso quería decir que tenía que actuar rápido porque de lo contrario todo se vendría abajo, mientras yo pensaba en esto él me miro…

Jesús(voz en off): ¡Lo qué vas a hacer es mejor que lo hagas rápido!

Judas iscariote: Jesús sabía, quien era, pero ¿por qué no me descubrió ante los demás? Pero eso no importaba tenía que actuar de inmediato y dar el golpe final de la operación…(sale)…

Jesús(voz en off): Un nuevo mandamiento les doy: Que se amen los unos a los otros; como yo los he amado. En esto conocerán todos que son mis discípulos, si tienen amor los unos por los otros(“Camino, Verdad y Vidaâ€).

Pedro: Yo estaba afligido, Jesús se estaba despidiendo, se iba, y yo quería ir con él, Maestro, Jesús, ¿dónde vas?, le dije…

Jesús(voz en off): A donde yo voy no me puedes seguir ahora; pero me seguirás después…

Pedro: ¿Cómo que no lo podía seguir? Claro que lo que seguiría y pondría mi vida por él si fuera necesario, yo nunca abandonaría a Jesús…

Jesús: Pedro, no cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces…

Pedro: Jesús se equivocaba en eso, yo nunca lo negaría, siempre estaría con él…

Juan: La verdad es que todos estábamos asustados y temerosos, además de tristes…

Jesús(voz en off): No se turbe su corazón; creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo se los habría dicho; voy a preparar lugar para ustedes. Y si voy a venir otra vez, para que donde yo estoy ustedes también estén. Y ustedes saben el camino…

Tomás: A mi la verdad todo eso me estaba confundiendo ¿cómo íbamos a saber el camino si ni siquiera sabíamos a dónde iba?

Jesús(voz en off): Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí… yo les digo la verdad: Les conviene que yo me vaya; porque si no el consolador no vendría… ustedes van a llorar y lamentar; pero aunque ustedes estén tristes, su tristeza se convertirá en gozo…

Pedro: ¡Qué nos conviene que él se vaya! ¿Cómo puede ser posible eso? Yo no me puedo imaginar si escuchar su voz, sin verlo a él, no me imagino un día de mi vida sin Jesús eso no puede ser, no eso no puede ocurrir, me resisto a pensar que eso puede ser cierto…

Juan: La verdad que esa noche fue muy emotiva, nunca la voy a olvidar, luego de que cenamos Jesús nos llevo a un lugar en el cual siempre sabíamos ir a orar, era el huerto de Getsemaní, un lugar muy especial, todos podíamos ver a Jesús como decirlo ¿ansioso? A mi me parecía raro, porque nunca lo había visto así, el nos decía que su alma estaba muy triste hasta la muerte, que no lo dejemos solo, que oremos con él, Jesús nos habría su corazón, pero nosotros, pobres y débiles humanos no podíamos entender lo que estaba pasando, de pronto todo se volvió muy vertiginoso y los sucesos ocurrieron tan rápido que parecía una pesadilla…(se escucha sonido de gente caminando, enfurecida, y que gritan, aparecen portando palos, espadas y antorchas)…

Pedro: De pronto todo el lugar estaba lleno de gente malvada, que parecían venir en busca de un peligroso criminal, pero yo como todos mis compañeros sabíamos a que habían venido, la paz nocturna del huerto se vio rota por sus gritos y maldiciones… En ese momento puede ver que al frente de estos hombres, que pertenecían al sumo sacerdote venía Judas, Judas Iscariote, uno de los nuestros, este había traicionado, ¡qué bronca más grande que tenía dentro mío! Fue en ese momento que vi que Jesús salía a su encuentro y se ponía ante ellos…

Jesús(voz en off): ¿A quién están buscando?

Soldado: A Jesús…

Jesús(voz en off): YO SOY…

Juan: Ese momento fue increíble, pues cuando Jesús les dijo: YO SOY, todos ellos retrocedieron y cayeron ante él…

Jesús(voz en off): Les vuelvo a preguntar ¿a quién buscan?

Soldado: A Jesús…

Jesús(voz en off): Ya les dijo que yo soy el que ustedes buscan…

Pedro: en ese momento, al ver que estaban por ponerle las manos encima, yo sentí que debía hacer algo, y entonces desenvainé mi espada  y le corté la oreja a uno de esos malvados, pero…

Jesús(vos en off): No Pedro, vuelve a meter tu espada en su vaina; la copa que el Padre me ha dado ¿no la he de beber? Además ¿no crees que si en este momento yo no pidiera a mi Padre ayuda el no me mandaría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero entonces como se cumplirían las Escrituras que dicen que todo debe de ser así?

Juan: Y fue así como todos nosotros huimos como cobardes y dejamos solo a Jesús en la hora más negra, pero esto era necesario; aunque mi mente decía ¿cómo puede ser necesario esto? ¿Es que no hay otro camino? ¿Por qué tiene que pasar él por esto?(“Hay una historia inconclusaâ€).

Escena 14.

Pedro: Fue así que Jesús fue llevado ante Anás, para luego ser presentado a Caifas, el sumo sacerdote; yo pude entrar al patio de la casa de Caifas, allí estaban reunidos alrededor del fuego, todos estaban hablando de lo que había pasado aquella noche, yo la verdad estaba muy preocupado y con un poco de miedo ¿qué me harían a mí si descubrían que yo era seguidor de Jesús? ¿Qué pasaría ahora que él estaba prisionero?

Criada: ¿Me parece que tú eres seguidor de Jesús?

Pedro: Estaba aterrado, esta mujer creía haberme descubierto, entonces le dije que yo no lo era, que estaba equivocada…

Juan: ¡Esto era terrible! Ni siquiera era un juicio justo; ellos estaban yendo contra la ley, porque nunca el sanedrín se reunía de noche, pero ellos querían deshacerse de Jesús, y tenían planes terribles para con él, ellos lo golpeaban, lo insultaban y hablaban mentiras contra él. Ellos ya habían determinado que Jesús era culpable, y habían realizado este juicio sólo para aparentar y poder presentarlo ante Pilatos…

Pedro: Yo seguía en el patio, en ese momento vi como sacaban a Jesús atado como un criminal y rodeado de soldados que lo insultaban, yo me sentía muy mal, después de todo yo había prometido protegerlo y estar con él, pero la verdad es que ahí estaba tratando de esconderme entre los que lo habían capturado…

Siervo: ¿Me parece qué tú eres de los seguidores de Jesús?

Pedro: ¡No, se equivocan, yo no soy!

Siervo: Si, a mi me parece haberte visto  en el huerto, porque incluso tu forma de hablar es como la de ellos, además, te pareces a uno de los que le corto la oreja a uno de mis amigos…

Pedro: No, no, no, no, no conozco a ese hombre, se los juro yo no lo conozco, nunca lo había visto en mi vida(en ese momento se escucha el cantar de un gallo; se oscurece todo el escenario y sólo que da iluminado Pedro)… Pero ¿qué había hecho? Había negado a Jesús, después de decirle que yo iba a ir con él hasta la muerte, yo había actuado peor que Judas Iscariote, porque yo le había prometido a Jesús que iba a estar con él, lo peor fue verlo pasar ante mí y mirar sus ojos, esos ojos que en vez de mirarme con frustración y desconsuelo por lo que había hecho me miraron con un amor muy grande(sale tapándose la cara con ambas manos)…

Escena 15.

Entran Anás y Caigas junto con Judas Iscariote…

Anás: ¿Y Judas, estás disfrutando tu recompensa?

Caifas: Si, debes de sentirte muy satisfecho has realizado una tarea excelente, gracias a ti tenemos en nuestras manos a nuestro enemigo…

Anás: Y muy pronto nos habremos librado de él…

Caifas: ¿Pero Judas qué te pasa? ¿Por qué no dices nada?

Judas iscariote: Es que, no sé, creo que no estuvo bien lo que hice…

Anás: ¿Es que acaso ahora te agarró remordimiento de conciencia?

Caifas: Me parece que es un poco tarde…

Judas Iscariote: Lo que pasa es que me parecía una buena idea, pero luego me puse a pensar que él no había hecho nada malo, él es inocente y yo lo entregué para morir en sus manos, tengo lo que quería, pero la plata a perdido su brillo, ya no me atrae y no quiero ese dinero, yo sé que he pecado entregándoles a Jesús, y eso me angustia muchísimo…

Anás: ¿Y tú crees que eso a nosotros nos importa?

Judas iscariote: ¿Qué?

Caifas: Ese es tu problema, no el nuestro.

Anás: Nosotros te utilizamos para obtener lo que queríamos, y ahora podemos dispensar de tus servicios, ya no nos hace falta…

Caifas: Tus problemas de conciencia a nosotros nos tiene sin cuidado ¡Arréglatelas tú solo!

La escena queda a oscuras, y sólo queda iluminado Judas Iscariote…

Judas Iscariote: ¿Pero que hice? Yo vendí a Jesús, que ciego y tonto he sido, pensar que cuando yo me presente en el huerto él me llamo amigo, el sabía que yo lo iba a entregar, el sabía lo que yo hacía con el dinero, el sabía todo de mí, pero nunca me recrimino nada, él siempre espero que yo cambiará, pero yo no cambiaba, siempre me espero, pero ahora para mi ya no hay más esperanza, que esperanza puedo tener yo que entregué en manos de pecadores al único Justo que ha caminado por al tierra, soy digno de muerte, de una muerte atroz y solitaria…(sale y la escena queda a oscuras)…

Escena 16.

Herodes: La verdad es que estoy decepcionado…

Herodías: ¿De qué hablas?

Herodes: ¿De qué hablo? De Jesús, ¿de quién más? Yo esperaba ansioso el día en que pudiera conocerlo personalmente y verlo hacer alguno de esos milagros de que la gente tanto hablaba, ¿y sabes lo que paso? Nada paso, porque cuando por fin lo tuve frente mío no dijo ni una sola palabra, y eso que le pregunte todo, y ni siquiera hizo ni una sola señal, la verdad que eso fue muy frustrante, tanto que había oído de él y nada; lo peor es que tuve que escuchar a los principales sacerdotes y escribas acusándole, la verdad que me hartaron…

Herodías: ¿Y que hiciste con él?

Herodes: Se lo mande de nuevo a Pilato, pero eso sí, antes lo escarnecí de tal manera, que nunca se ha de olvidar en toda su vida, ya que decían que él era el rey de los judíos lo vestí con una ropa espléndida, lo único para lo que sirvió Jesús es para que me pudiera amigar con Pilato y saltar esa diferencia que habíamos tenido…

Escena 17.

Voz en off: ¡Atención, atención! Con ustedes Poncio Pilato, procurador de Augusto Cesar en la provincia de Judea…

Pilato: Yo siempre considere a ese Jesús, uno de más de todos lo que aparecían en Judea, un falso Mesías, un engañador, que creaba un movimiento que luego de un tiempo moría con él, pero los principales de los judíos no pensaban de esta forma, recuerdo el día que me lo trajeron –yo no quería tomar parte en todo eso- trate de desligarme del problema y se lo mandé a Herodes, pero no, ya que el me lo volvió a mandar, yo no quería saber nada con él, es más no me interesaba, trate de convencer a los judíos que los juzguen ellos conforme a sus leyes, pero…

Voz en off: ¡A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie!

Pilato: Si ellos querían la muerte de este hombre, yo no entendía por qué, no veía que hubiese hecho ningún mal, y es más incluso mi esposa, que no era de creer en nada de eso me mando decir que no me metiera en esto porque ella no había podido dormir porque la perturbaban sueños con respecto a Jesús, yo no encontraba cargo en su contra, a lo sumo podía castigarlo y dejarlo ir…

Voz en off: No, no hagas eso, porque este hombre ha dicho que es rey, y nosotros no tenemos otro rey más que el Cesar…

Pilato: La verdad que me dio gracia lo que estos judíos estaban diciendo, porque cuando les convenía el Cesar era su rey, pero cuando no el Cesar era su enemigo, esto era absurdo, pero todos ellos estaban enfurecidos, la verdad era sorprendente ver que toda esa multitud que unos días atrás habían recibido a este hombre con gran alegría y vítores ahora pedía su muerte…

Voz en off: ¡¡¡CRUCIFÃCALE!!! ¡¡¡CRUCIFÃCALE!!!

Pilato: Yo no entendía nada, yo no podía condenarle, no tenía una causa seria en su contra…

Voz en off: ¡Qué su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos, pero que sea crucificado! Este debe morir porque siendo un simple hombre se proclamó Hijo de Dios…

Pilato: Esto me alerto, este hombre se había proclamado Hijo de Dios, eso cambiaba todo, yo no quería saber nada de eso, además, me llamaba mucho la atención que este hombre no se inmutaba frente a las acusaciones de los judíos, este hombre me decía cosas extrañas, que yo nunca entendí, hasta ahora, que su reino no era de este mundo, que él había venido para dar testimonio de la verdad, ¡qué cosas raras que decía! Cada vez estaba más confundido! Hice de todo por complacer a los judíos, lo escarnecí, lo azote, puse una corona de espinas en su cabeza, lo vestí de púrpura, pero los judíos a pesar de todo pedían su muerte, la verdad que llegó un punto en que me cansé, ya no quería saber más entonces, tomé un recipiente y me lavé las manos y les dije que yo no me haría responsable, que lo crucifiquen ellos. 

Escena 18.

Barrabás: Mi nombre es Barrabás, yo soy un ladrón, además había realizado un motín, y estaba preso por ello. Yo de Jesús casi no sabía nada, salvo que hacía milagros y hablaba del perdón, de la misericordia y el amor de Dios, cosas que para mí no tenían sentido, ya que lo único que yo conocía era la ley de la espada y del odio contra los romanos, usurpadores de nuestra nación, y lo único que nos iba a librar no era un dios mítico ni su Mesías sino la espada de los judíos levantados en armas, pero ahora estaba en la cárcel, mi esperanza era poder salir de allí, y que alguien pidiera por mi libertad, porque existía la costumbre que en la fiesta de la Pascua, Pilato liberara alguno de los presos, yo pensaba que esta podría ser mi oportunidad, pero llegó una noticia que me sorprendió, Jesús había sido apresado… Eso era algo que yo no esperaba, y que quitaba toda esperanza de ser libre, porque si el pueblo tenía que elegir entre Jesús y un hombre como yo, seguramente ellos elegirían a Jesús, de eso no había dudas…

Voz en off: ¡CRUCIFÃCALO! ¡FUERA CON ESTE, NO LO QUEREMOS, QUE MUERA!

Barrabas: Mi suerte estaba echada, todos ya había tomado su decisión, y bueno que le iba a hacer, si era de esa manera…

Voz en off: ¡QUEREMOS QUE SUELTES A BARRABAS! SI, SUELTA A BARRABAS, DÉJALO LIBRE A ÉL, QUE JESÚS SEA CRUCIFICADO, NO QUEREMOS SABER NADA CON ÉL…

Barrabas: ¡No podía creer lo que estaba escuchando! El pueblo me estaba eligiendo a mí en lugar de a Jesús, pero ¿no era mejor Jesús que yo? ¿Por qué el pueblo me elegía a mí? Después de todo yo no podía hacer milagros ni nada de eso, es más yo estaba en la cárcel por ladrón y asesino, y Jesús, Jesús no había hecho más que milagros y cosas buenas, y en ese momento supe que gracias a él yo era libre, y a pesar de nunca haberle seguido, ni haber creído en él ni en sus enseñanzas el había tomado mi lugar y me había demostrado que no hay más grande amor que este… 

Escena 19.

María: Mi dolor era enorme, yo no podía hacer nada, quería gritarles a todos que eran unos malvados, unos hipócritas, yo reconocía entre ellos a todos los que Jesús había sanado y bendecido, ellos mismos lo habían condenado, ¡no era justo! ¿Por qué Jesús? Él no había hecho nada malo, su único delito había sido amarnos. Yo quería impedir esto, pero ¿qué podía hacer yo, una simple mujer? ¡Cómo me dolía el alma! En ese momento entendí, que aunque me doliera Él había venido para esto, que si bien es cierto yo había sido escogida para ser su madre su misión era mucho más importante, y que todo esto era parte del plan de Dios, recuerdo las palabras que me dijo Simeón en el templo, cuando presentamos a Jesús: “Y una espada traspasara tu misma almaâ€, y era cierto, una espada estaba traspasando mi alma, porque aunque sabia que él no me pertenecía; sentía dolor, el dolor de verlo sufrir, es que yo a pesar de saber que para esta hora había llegado, lo había tenido nueve meses en mi vientre, lo había dado a luz, lo vi dar sus primeros pasos, lo oí decir sus primeras palabras, había visto su carita sonreír, y llamarme: “Mamáâ€, a pesar de que él era Mi Señor, el Hijo del Dios Altísimo, lo vi crecer y convertirse en un hombre, y ahora me tocaba verlo sufrir, y morir; pero toda mi vida supe que este momento iba a llegar. Ahora que lo pienso uno de los regalos de los sabios había pronosticado esto, la mirra, que era amarga y roja y que se utilizaba entre muchas cosas para ungir y preparar el cuerpo de los muertos, yo no la había querido para Jesús, pero no lo podía evitar… Él estaba llevando la cruz, todos le gritaban y se burlaban de él, pensar que el podía bajarse de la cruz y darles una lección, pero si él no se bajaba de la cruz era por nosotros…

Juan: Este era un camino doloroso, Jesús estaba tan débil por los golpes y el peso de la cruz que tropezó y cayó, tanto así que le tuvieron que pedir a un tal Simón de Cirene que llevara la cruz por él…

Simón de Cirene: Para mi es un privilegio el haber ayudado a Jesús, no pude hacer mucho más, pero al ver sus ojos tuve mi recompensa, en algo había podido ser útil, además allí me encontré con el amor que redime, porque sabía en mi ser que él estaba haciendo eso por mí, y que si estaba allí era para pagar el precio de mi redención…

Juan: Fue terrible cuando llegaron al monte, desnudaron a Jesús de su ropa y lo tiraron sobre la cruz, su espalda estaba abierta por los azotes de látigo romano y sangraba, su cara deformada por los golpes y la corona de espinas, y entonces…(se siente el ruido de un martillazo –4(cuatro en total)… vino el momento de la crucifixión, el hierro traspasando la carne y los huesos, los ladrones que estaban con el gritaban de dolor…

Jesús(voz en off): Padre, perdónales porque ellos no saben lo que hacen…

Juan: ¿Cómo que no sabían lo que hacen? ¡Ellos sabían lo que estaban haciendo!, eso era lo que creía yo, luego entendí que todo esto era por nosotros, si por nosotros, por cada hombre y mujer de este mundo en todas las edades de la historia(“Fue por nosotrosâ€). Él estaba muriendo para que nosotros podamos tener vida, todo lo que él había dicho mientras estaba con nosotros ahora cobraba mayor sentido, ahora yo entendía cosas que hasta el momento no había podido, luego vino algo terrible, el momento de elevar la cruz, cuando esta toco el fondo del pozo todo el cuerpo de Jesús se sacudió violentamente…(en ese momento en un costado de la escena aparece la sombra de una cruz)… era infame escuchar a todos gritando y blasfemando…

Fariseo 1: Si tú eres el Cristo, vamos bájate de la cruz y creeremos en ti…

Fariseo 2: ¿Qué pasa Jesús? ¿Dónde están ahora todas las señales y milagros que hacías, es que ahora no te sirven de nada?

Juan: Hasta los soldados romanos se quedaron con sus vestidos y echaron suerte para quedarse con su túnica… en ese momento yo miré al Señor, yo quería hacer algo por él, pero no sabía que, deseaba poder consolarlo…

Jesús(voz en off): Juan, ahí está tu madre… María ahí está tu hijo…

Juan: Jesús me estaba entregando algo que amaba para cuidarlo, me encomendaba a su mamá, yo desde ese momento la tome como mi mamá…

María: Jesús me estaba proveyendo de una familia, de un hijo, porque él se estaba yendo y no quería que estuviera sola, aún en ese momento yo pude ver que no hay más grande amor que el suyo…

Ladrón: Mi nombre no importa, sólo soy un ladrón, fui crucificado en el monte Calvario en la víspera de la Pascua, de esto hace mucho tiempo, dos mil años, junto conmigo estaba mi compañero de andanzas y otro hombre, pero lo raro es que este hombre no había cometido delitos, sólo había hecho bienes; yo no entendía por qué estaba allí, sobre su cabeza en la cruz decía: Este es Jesús el rey de los judíos, por lo que había oído se lo acusaba de decir que él era el Hijo de Dios, el Mesías, mi compañero que estaba a su lado lo increpaba…

Voz en off: Si eres el Hijo de Dios bájate de la cruz y sálvate, y también sálvanos a nosotros…

Ladrón: Yo no podía creer lo que estaba haciendo mi compañero, a pesar de estar en el mismo tormento, se atrevía a decir eso, yo lo hice callar y le mostré que este hombre, Jesús, era inocente, que no había hecho nada para estar allí, en cambio nosotros, nosotros si merecíamos estar allí, habíamos desperdiciado nuestra vida, y ahora estábamos pagando, entonces me dirigí a Jesús y le pedí que me salvará, porque sabía que él era el Mesías, y que podía redimirme, le pedí perdón y allí colgado en la cruz, al borde de la misma muerte encontré el perdón…

Jesús(voz en off): De verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso…

Juan: Era increíble, aún sobre la cruz, Jesús seguía salvando, no se detenía, su amor era tan grande que hasta el último momento trabajaba, de pronto todo empezó a oscurecer, y sentía una sensación de pesadez, yo me sentí muy oprimido, negras y gruesas nubes empezaron a oscurecer el sol, estas se arremolinaban, se chocaban; ¿era mi imaginación o se concentraban sobre Jesús?, pero no eran nubes de tormenta, todo se puso negro, la verdad que sentía una opresión en el pecho.

Jesús(voz en off): Tengo sed…

Juan: A este pedido los que estaban allí le acercaron una esponja embebida en vinagre, y Jesús lo tomó, en ese momento Jesús miró hacia el cielo…

Jesús(voz en off): Consumado es…

Juan: Luego Jesús inclinando la cabeza murió, y la tierra tembló; luego nos enteramos que hasta el velo del templo se había rasgado de arriba a bajo…

Centurión: ¡No puede ser! ¡Este hombre de verdad era el Hijo de Dios!

Todos los fariseos salen golpeándose el pecho y hablando entre ellos, están sumamente sorprendidos, mientras que los discípulos y seguidores de Jesús los miran en silencio…

Escena 20.

José de Arimetea: Cuando Jesús murió todo fue tristeza y dolor, es que no yo no podía ver la trascendencia que esto tenía para toda la humanidad, yo quería hacer algo por él; y además sentía un poco de culpa porque yo era seguidor de Jesús, pero a escondidas porque tenía miedo de lo que los judíos pudieran decir o hacer, y por eso fui a ver a Pilatos para pedirle el cuerpo de Jesús, la verdad que él se sorprendió al escuchar que ya había muerto, y accedió a darme el cuerpo para que lo sepultemos en un sepulcro nuevo que había en un huerto cerca del Calvario.

Juan: Allí estamos algunos de los seguidores de Jesús y las mujeres que también le servían, además se encontraban los soldados romanos, porque a pedido de los sacerdotes habían venido a quebrar las piernas de los que aún no habían muerto, porque no podían permitir que los cuerpos permaneciesen colgados, debido a que ese día de reposo era de una gran solemnidad ¡Qué hipócritas! Fue así como los soldados quebraron las piernas de los ladrones que fueron crucificados, pero cuando vieron que Jesús estaba muerto no lo quebraron, pero uno de ellos traspaso con su lanza el costado de Jesús; y de allí salió agua y sangre, abriendo una fuente que hasta hoy sigue fluyendo, una fuente que es capaz de salvar y redimir y saciar la sed del corazón del hombre. Luego de que bajaron el cuerpo de Jesús de la cruz, Nicodemo lo envolvió en lienzos con especias aromáticas preparadas para tal fin, y lo llevamos al sepulcro, que era una cueva. Pero además luego de sepultarlo unos soldados vinieron.

Soldado: La verdad es que yo no quería estar allí, ya bastante había tenido con presenciar la crucifixión de este hombre, pero por orden de Pilatos, a pedido de los principales de los judíos teníamos que custodiar la tumba, porque según ellos Jesús habían enseñado que él iba a morir, pero que luego de tres días iba a resucitar, por eso estábamos allí para impedir que sus discípulos robasen el cuerpo de Jesús.

Escena 21.

María Magdalena: ¡Qué Pascua más triste fue esa! La alegría de la fiesta de la liberación fue empañada por los acontecimientos relacionados con Jesús, yo no había podido dormir, esperando que pasará el día de reposo para poder ir al sepulcro, es que yo anhelaba estar con él, ¡cómo quería oír su voz, ver sus ojos! Pero estaba muerto y sepultado, custodiado por soldados… es que ahora después de mucho tiempo puedo comprender, pero en ese momento todo era tristeza y desolación, es que yo amaba mucho Jesús, él me había hecho libre de siete demonios; él había hecho cosas tremendas conmigo, yo era una pobre endemoniada que no sabía lo que hacía, todos en mi pueblo me llamaban loca, y me habían desahuciado, pero Jesús llegó y me dio esperanza, pero ahora caminaba en la oscuridad de esa madruga dirigiéndome a su sepulcro, la verdad que las lagrimas me quemaban los ojos y la cara, pero cuando llegué al sepulcro vi que la piedra había sido removida de su lugar, se había llevado el cuerpo de Jesús, yo estaba desolada, porque se había llevado a mi amado Señor, fue entonces que ante mi aparecieron dos hombres con vestiduras blancas…

¿POR QUÉ BUSCAIS ENTRE LOS MUERTOS AL QUE VIVE?

¡RESUCITO! ¡SE LEVANTO! ¡ÉL VIVE!

NO BUSQUEIS MÃS, NO LLOREIS MÃS…

¡ÉL VIVE!

A SATAN DERROTO, A LA MUERTE VENCIÓ…

¡RESUCITO! …

-CHORUS-

¡ÉL REINA! REGOCÃJESE LA TIERRA…

¡ÉL REINA! ALÉGRENSE LAS MUCHAS COSTAS…

¡ÉL REINA! JUSTICIA Y JUICIO SON,

EL CIMIENTO DE SU TRONO…

 LE ALABARÉ…

 ¡TE ALABARÉ POR TU GLORIA Y TU VICTORIA!

ELEVARÉ SALMOS ANTE TI ¡OH, DIOS!

ME GOZARÉ, TRIBUTÃNDOTE LA GLORIA, PROCLAMANDO TU VICTORIA,

DANDO TODA HONRA A TI ¡OH, SEÑOR!…

¡QUÉ BUENO ES LEVANTAR TU NOMBRE EN ALTO!

GLORIFICAR LA GRANDEZA DE TU AMOR;

¡Y DISFRUTAR DE TU GRAN MISERICORDIA QUE NOS DA SIEMPRE VICTORIA,

EXALTADO TU FIDELIDAD!…

 PUES TÚ ERES DIGNO, SEÑOR,

¡NO HAY OTRO EN EL CIELO COMO TÚ!

DESDE LA ETERNIDAD HASTA LA ETERNIDAD,

¡ERES REY DE REYES, ERES SEÑOR!…

 María Magdalena: Fue entonces que ante mí se paro otro hombre, yo veía en él algo conocido, pero no sabía quien era, yo pensaba que era el cuidador del huerto, era tanta mi desesperación, que a pesar de lo que los ángeles me dijeron no entendí, yo le suplique a aquel hombre que si el se había llevado el cuerpo de Jesús que me dijera donde lo había colocado que yo misma me lo iba a llevar…

Jesús: ¡María!

María Magdalena: ¡Esa voz yo la conocía! Era la voz de Jesús, yo me tire a sus pies para adorarle…

Jesús: Ve y cuéntale a mis hermanos que me has visto, diles que he resucitado, que he vencido a la muerte…

María Magdalena: Mi corazón estallaba de gozo, Jesús estaba vivo, yo era la primera persona que lo había visto vivo, yo que había sido una endemoniada, él me privilegiaba para dar las nuevas de su resurrección…(“Quién ha de llamarle Reyâ€)…

Juan: Cuando María nos contó lo que había pasado muchos no creyeron, porque ella había sido una endemoniada, pero Pedro y yo fuimos al sepulcro, para ver, yo corrí y llegué primero y vi el sepulcro desde afuera, pero Pedro entró, luego entré y yo y vi que estaba vacío y que los lienzos que había envuelto el cuerpo de Jesús estaban allí e incluso el sudario estaba puesto a parte, pero Jesús ya no estaba allí…

Pedro: La verdad es que yo no sabía que hacer, yo quería volver a creer, pero me costaba levantarme luego de haberle fallado, pero había algo que me animaba, y era que él por medio de su ángel cuando dijo a los demás que lo veríamos en el Mar de Galilea, también me esperaba a mi, eso era lo que yo necesitaba oír, Jesús no me había desechado, aunque todavía en mi quedaba el dolor de haber fracasado; y haberle fallado.

Escena 22.

Junto al mar de Galilea.
Pedro, Juan, Jacobo, Tomás, Natanael.

Pedro: La verdad que a pesar de todo yo estaba todavía confundido, por un lado quería creer, pero por el otro aún tenía el sabor amargo de haber fallado, además ahora Jesús no estaba con nosotros como antes, ahora es más difícil, ¿qué íbamos a hacer ahora? La verdad que yo pensé que lo mejor era volver a nuestro antiguo trabajo, el de pescadores ¡qué otra cosa podíamos hacer? Cuando estuve nuevamente en mi barco allí en el Mar de Galilea recordé como fue mi encuentro con Jesús, ¡cómo deseaba que eso se volviera a repetir! Deseaba volver el tiempo atrás y empezar todo de nuevo y revertir todo lo que había hecho mal. Junto con mis compañeros salimos a pescar, y toda la noche estuvimos tratando de sacar algo; y nada.

Juan: ¡Era terrible! Estábamos cansados, frustrados, y no habíamos lograda nada a pesar de nuestro esfuerzo ¿qué otra cosa podía salir?

Jesús: Tienen algo de comer…

Pedro: ¿Y este quién es? ¿Es que acaso tenemos cara de beneficencia pública o qué? ¿No ve que no tenemos nada, encima de qué estamos con sueño, hambrientos, mojados y con frío? La verdad que usamos a este sujeto para descargar toda nuestra bronca: ¡NO, NO TENEMOS NADA DE COMER, MEJOR VAYASE!

Jesús: Echen la red a la derecha de la barca, y hallarán algo…

Natanael: La verdad es que no sabemos porqué hicimos lo que este extraño nos dijo, pero todo esto a la verdad me resultaba tan conocido, pero ¿de dónde?

Tomás: Cuando sacamos la red había ciento cincuenta y siete peces, y aún siendo tantos la red no se rompió…

Juan: En ese momento mis ojos fueron abiertos y lo conocí; entonces le dije a Pedro que este no era otro que el Señor Jesús…

Pedro: Yo en ese momento me había sacado la ropa, pero cuando escuche que ese hombre era Jesús me puse la ropa y me tire al agua para ir a su encuentro, aún recuerdo que nadé un poco más cien metros en tiempo récord, tantas cosas pasaron por mi mente al nadar hacia la orilla, cuando llegué hasta donde estaba el Señor vi que allí había fuego y pescado cocinándose y pan recién horneado, Jesús me estaba mirando, pero no dijo nada, la verdad no era necesario decir nada, yo sentía como las lágrimas me caían por las mejillas, luego llegaron mis compañeros, y él nos invito a comer…

Jesús: Vengan coman conmigo…

Juan: Tal vez esto para ustedes pueda ser algo sin trascendencia, pero para nosotros era importante, ya que en nuestro tiempo se acostumbraba que al romperse una amistad a reconciliarse mediante una cena, y allí el que había preparado y el que se encargo de servir la cena para un grupo de pescadores frustrados, hambrientos y con frío era Jesús… Nadie hablaba ni decía nada, todos sabíamos que era Jesús él que allí estaba…

Pedro: Luego de que comimos Jesús me miro, yo pensé que para retarme por mi comportamiento…

Jesús: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?

Pedro: ¿Qué si lo amaba? Claro que si, lo amaba con todas las fuerzas de que era capaz…

Jesús: Entonces, apacienta mis corderos…

Pedro: Yo esperaba que el me reprendiera, pero me estaba encomendando una tarea…

Jesús: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?

Pedro: Sí, mi Señor, yo te amo, tú sabes que es así…

Jesús: Pastorea mis ovejas…

Pedro: ¿Otra vez lo mismo? Y ahora añadía una nueva tarea…

Jesús: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?

Pedro: La verdad que cuando volví a escuchar la pregunta del Señor por tercera vez me entristecí al principio, pero luego supe lo que estaba haciendo, me estaba restaurando, porque yo lo había negado tres veces, pero ahora él me estaba sanado y me estaba dando una nueva oportunidad, y yo le dije desde lo más profundo de mi ser: Si, Si Jesús, tu sabes que te amo, y que siempre te amaré…

Juan: Y así podríamos seguir pos siempre contando nuestra experiencia con Jesús, el Hijo de Dios, porque él hizo muchas cosas grandes y maravillosas, y yo doy testimonio de todas ellas, porque estuve presente, porque somos testigos presenciales de su gloria, y si tendríamos que haber escrito todas las cosas que Jesús hizo aquí en la tierra no cabrían los libros, pero lo importante es saber que Jesús sigue siendo el mismo hoy y aquí, su poder no ha cambiado, ya que el sigue haciendo milagros, sanados a los enfermos, libertando a los oprimidos por el diablo, dando gozo a los entristecidos, porque el vino a la tierra con un solo objetivo ser nuestro Salvador, Redentor y reconciliarnos con Dios llevando sobre sus hombros el peso de nuestros pecados y pagando el precio de nuestra salvación, y todo esto esta a tu alcance, tan sólo basta aceptar y decir que sí…

Isaías(voz en off): Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por heridos de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus llagas fuimos nosotros curados…

Jesús: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga la vida por sus amigos..

Créditos: Luis Enrique Torres.

Publicado en Categorias : Dramas


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