Enfrentando los ataques en el poder de Dios

Por Prosperada en 6 Agosto, 2010, 11:18 am

buscando-trabajoNo conseguía trabajo ni ofreciéndose para laborar sin sueldo fijo. “Le cayó un bulto de salâ€, le comentó entre risas un amigo. “Es hora de que te hagas baños con ruda y hierbabuenaâ€, le dijo otro y una vecina le recomendó: “Conozco a una bruja que es muy buena. Incluso, tiene un programa de radio.â€

 Juan Carlos no sabía qué camino tomar. Es más, el único día que por casualidad alguien la gastó el transporte, cuando regresaba de distribuir hojas de vida en las agencias de empleo, el vehículo se varó, y en el momento que decidió irse caminando a casa, lo arrolló alguien en una bicicleta.

 Hijo, hasta tu sombra te voltea la espalda–, le comentó su abuelo en medio de tremendas carcajadas, mientras se mecía en el antejardín–. Nunca había visto un hombre tan de malas. ¿Sabes? De niño y cuando te iban a bautizar, el agua se fue en el pueblo y tuvieron que buscar quién guardaba un poco en alguna pileta–.

 El joven averiguó a cómo eran los riegos, consultó en el directorio telefónico la dirección postal de varias pitonisas y hasta marcó a una línea, para encontrarse con una voz pregrabada que le anunció: “Si desea recibir orientación del profesor Horacio, conocedor del pasado, presente y futuro, envíe un mensaje de texto con la palabra adivinación al siguiente código de teléfono celularâ€.

 Quedó más que desconcertado. Aquello era el colmo. Alguien le recomendó que la única salida a su crisis estaba era en Jesucristo. Así lo hizo. Cuando tomó la decisión, el panorama cambio. Los ataques—que luego supo provenían del enemigo espiritual—disminuyeron. No solo consiguió trabajo sino que, paralelamente, tenía el dinero suficiente para vivir y le sobraba para ahorrar. Cesaron los momentos de angustia. Comprobó que el poder de Dios era ilimitado.

 Con frecuencia los cristianos enfrentamos dificultades, bien en el mundo físico o espiritual. No olvide que nos movemos en varias dimensiones: la natural y la sobrenatural. El asunto para muchos es saber qué hacer y de qué manera aprestarse a la batalla en la que están inmersos. Dios es la respuesta. Una excelente ilustración, como verá a continuación, consiste en pelear con ayuda de Dios. Eso fue lo que hizo el pueblo de Israel cuando los filisteos, que eran mayor en número, vinieron en su contra.

 Es tiempo de dar la batalla

 Cuando vengan en su contra dificultades, no las enfrente en sus fuerzas sino en el poder de Dios. Sólo así podemos asegurar la victoria. Obrar en nuestras capacidades, traerá derrota y desolación; en cambio, movernos en el poder de Dios nos permite caminar siempre de triunfo en triunfo.

 Recuerde que en un momento crítico de Israel, los filisteos—que eran poderosos sobre la tierra—dispusieron atacarlos.

 Al enfrentar la arremetida de los filisteos, “Samuel tomó un corderito y lo ofreció entero en holocausto al Señor; luego rogó al Señor en favor de Israel, y el Señor le respondió.  Cuando Samuel estaba ofreciendo el holocausto, los filisteos avanzaron para atacar a los israelitas; entonces el Señor lanzó un trueno enorme contra ellos y los asustó, y de este modo fueron vencidos por los israelitas.â€(1 Samuel 7:9, 10, versión Dios habla hoy)

 Observe que la derrota de los enemigos se produjo cuando dieron la batalla en la dimensión espiritual. Clamaron en oración, y Dios respondió trayendo a la dimensión física una descarga eléctrica que produjo el temor de los filisteos. El Padre celestial se sirvió de truenos para llevar a la derrota a un grupo de guerreros que tenían superioridad numérica y de armamentos sobre Israel.

 El Dios en el que usted y yo hemos creído, es un Dios de milagros. Nada puede detenernos cuando avanzamos en Su poder y ejercemos el poder que Cristo nos ha dado.

 No hay problema, por grande que parezca, que no podamos doblegar con las armas espirituales, en oración.

 Para terminar una pregunta: ¿Ya recibió a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador? No deje pasar la oportunidad. Ãbrale su vida hoy mismo…

Autor: Pastor.Fernando Alexis Jiménez

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