En la escuela de Dios
Por Prosperada en 3 Marzo, 2010, 8:30 am
Por espacio de siete años Adrián de Jesús Dávalos fue cristiano evangélico. Iba a la iglesia cada domingo, porque en semana trabajaba hasta bien entrada la noche. LeÃa la Biblia con asiduidad y sólo su esposa podrÃa describir la buena cantidad de horas que llegó a pasar en oración, de rodillas junto a la cama. “Es un hombre consagrado a Dios”, solÃa repetir a sus amistades cuando le preguntaban acerca de la devoción de su esposo.
Lo embargó una profunda alegrÃa el dÃa que le anunciaron su designación como lÃder del grupo de caballeros. DebÃa presidir las reuniones los sábados en la noche. Además, fue encargado por el pastor de su denominación para que preparara los mensajes. “Invita siempre a los hombres para que tengan un encuentro personal con Jesucristo”, le recomendó.
Un dÃa sin embargo su rutina fue diferente. No tenÃa ganas de elevar oraciones al Creador y si le hubiesen puesto a escoger, sin duda se habrÃa inclinado dejar de ir al templo. Y lo pensó bastante hasta que encontró la excusa perfecta. También en sábado y domingo debÃa trabajar para entregar unos proyectos urgentes.
Sólo tomó conciencia de su enorme error cuando estuvo inmerso en los asuntos del mundo. BebÃa de nuevo. Iba de fiesta en fiesta e incluso se vio involucrado en adulterio. Su hogar quedó, con el paso de los meses, al borde del abismo…
Dios trata con su vida
Cuando amenazaba con tocar fondo, Jesús Adrián volvió la mirada a Dios. Él trató con su vida. Le hizo comprender, como ocurrió con la vida del prójimo, que alejados de nuestro amado Padre, nos conducimos al caos.
No es otra cosa que la Escuela de Dios. Usted y yo estamos matriculados en ella. Ocurre cuando aceptamos al Señor Jesús como Salvador personal. Él comienza a obrar en nuestro corazón. Y si somos rebeldes, es en medio de las pruebas—como anota la Biblia—que nos lleva a darnos cuenta del error: “Por medio del sufrimiento, Dios salva al que sufre; por medio del dolor lo hace entender” (Job 36:15. Versión Popular).
Prepárese para caminar con Dios, conforme a Su voluntad. No espere que su rebeldÃa e indiferencia le lleven a reprobar el curso en la Escuela de Dios. Si es asà y ya está experimentando los ajustes, ni siquiera piense en renunciar. Recuerde que el trato de nuestro amado Padre Dios es para bien, para enseñarnos cada dÃa una nueva lección…
Autor: Pastor.Fernando Alexis Jiménez

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