Deje que Dios obre en su vida
Por Prosperada en 10 Agosto, 2010, 10:28 am
Iba a atravesar la avenida. Congestionada, sobre todo al caer la tarde y cuando las primeras luces iluminaban a Santiago de Cali, en una noche que se auguraba como suave y fresca.
 La mujer dio unos pasos hacia el asfalto. Alguien más la detuvo con rapidez. “No hagas eso, piensa en tu familiaâ€, le dijo en voz alta, sacándola del ensimismamiento. Ella lo miró y forcejeó un poco, con el ánimo de arrojarse a los vehÃculos.
 Por fin, con ayuda de otros transeúntes, lograron dominarla. Un mendigo, a pocos metros, miraba la situación con curiosidad. “Esta muy joven para querer morirseâ€, murmuró.
 TenÃa problemas en el hogar. Dificultades con su esposo y sus dos pequeños hijos. CreÃa incluso, que nada tendrÃa solución. No era la primera vez que intentaba suicidarse.
 Estoy desesperado; no se qué hacer.–, me explicó el esposo.
 Le hablé de la que para mà constituye la única solución: abrirme el corazón al obrar de Dios. Él quiere transformarnos y quitar esa venda de los ojos que nos impide reconocer que nos creó para disfrutar la vida, no para llenarla de amargura a cada instante.
 Dios quiere transformar su vida
 Las Escrituras relatan que el dÃa de la inauguración del templo de Jerusalén, en el tiempo de Salomón, la gloria y santidad de Dios llenaron el lugar “de tal modo que los sacerdotes no podÃan entrar en élâ€(2 Crónicas 7:2)
 Moisés, David e IsaÃas, son tres ejemplos de hombres que vieron la gloria de Dios y reconocieron la Santidad del Padre. Sus vidas, en ese sentido, buscaban una estrecha dependencia del Señor, porque sabÃan que era tres veces santo. HabÃa en sus corazones un temor reverente. Desde siempre, incluso recién terminada la creación en Adán y Eva, Dios querÃa mantener una Ãntima y permanente relación con Su pueblo. Es el pecado el que nos distancia de Él.
 Cuando Dios envió a Su hijo Jesús, se rompieron las ataduras a una vida de ruina, desgracia y enfermedad. El amado Salvador lo hizo posible: “Pero cuando se cumplió el tiempo,  Dios envió a su Hijo,  que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés,  para dar libertad  a los que estábamos bajo esa ley, para que Dios nos recibiera como a hijos.  Y para mostrar que ya somos sus hijos,  Dios envió el EspÃritu de su Hijo a nuestro corazón; y el EspÃritu grita: “¡Abbá! ¡Padre!†Asà pues, tú ya no eres esclavo, sino hijo de Dios; y por ser su hijo, es voluntad de Dios que seas también su heredero.â€(Gálatas 4:4-7)
 Cristo, nuestro amado Señor, nos justificó y abrió el camino para la santificación. Hizo tres cosas: nos redimió, nos rescató y restauró. Ahora, en esa nueva condición que Él nos ofrece, podemos convertirnos en verdaderos adoradores en Su presencia, como lo escribe el rey David: “…alabad el glorioso nombre del Señor, adorad al Señor en su hermoso santuario.â€(Salmo 29:2)
 Piense por un instante que usted fue concebido para una vida plena. Nuestro amado Padre celestial no invirtió tiempo para generar un caos alrededor, sino para que tuviera a su disposición un hermoso jardÃn. El poder y la gloria de nuestro Hacedor quieren transformar su vida. La decisión es nada más que suya. Él tiene lo mejor para brindárselo y que disfrute cada instante, pero la decisión de ser feliz o amargarse, es nada más que suya.
 No olvide que hoy es el dÃa apropiado para recibir a Jesucristo en el corazón, como su único y suficiente Señor y Salvador.
Autor: Pastor.Fernando Alexis Jiménez

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