Ciudadanos del cielo
Por Prosperada en 10 Marzo, 2010, 9:14 pm
Volviendo atrás en el álbum de los recuerdos, rememoré la tarde en la que después de una asamblea de pastores de la región, el reverendo Norman Obando Pinillo me pidió unos minutos. ¿De qué se podrÃa tratar? me preguntaba mientras avanzábamos a su oficina, en las instalaciones de la Alianza Cristiana y Misionera del barrio León XIII, al oriente de Santiago de Cali.
Sonrió para darme confianza mientras hablábamos de cómo iba desarrollando el ministerio en la iglesia en que prestaba mis servicios. Luego me miró directo a los ojos y dijo: “Fernando, Dios te dice que debes volver al lugar secreto en oración, delante de Su presencia”.
Callé frente a esa profecÃa. Soy cuidadoso en esos asuntos ante la profusidad de fanatismo que mezcla las emociones del hombre con la voz de Dios. Sin embargo aquél caso era diferente. Solamente el Señor sabÃa del tiempo mÃnimo que yo pasaba en oración. Estaba tan ocupado en dictar conferencias en las iglesias y retiros espirituales a los que me invitaban, en escribir para publicaciones cristianas e incluso, en preparar intervenciones en la televisión, que me habÃa olvidado de Dios, que era de quien predicaba…
Recordé ese y otros momentos agradables como el dÃa en que me ofreció ejercer el pastorado en la iglesia principal de la Alianza en el puerto de Buenaventura, y el apoyo irrestricto e indeclinable que me ofreció para un fallido proyecto de plantar una congregación en la ciudad de Palmira. Todo se circunscribe a recuerdos de instantes que jamás se repetirán porque el pastor Norman junto con su hijo adolescente, partieron a la eternidad en un absurdo accidente automovilÃstico al sur de la ciudad.
Cuando partimos…
En momentos asà nos preguntamos ¿Por qué le ocurren tragedias a hombres y mujeres que han consagrado sus vidas a servir a Dios?¿Acaso no pudo el Señor evitar el accidente?¿Por qué en cambio permanecen con vida quienes causan mal entre tanto que los que sirven, emprenden el viaje inevitable y sin retorno?
Quizá usted se haya formulado los mismos interrogantes que me hago ahora frente al computador. Pero en la medida en que meditamos en el Señor, comprendemos que sus designios son misteriosos y que morir, antes que un fracaso, es un paso de gloria a Su presencia.
El apóstol Pablo escribió: “Más nuestra ciudadanÃa está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual también sujetar a si mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20, 21).
El texto lo resume todo. Usted y yo estamos de tránsito en la tierra. Es algo pasajero. Nuestra patria está en los cielos. Hacia allá nos encaminamos y es necesario estar preparados.
Autor: Pastor.Fernando Alexis Jiménez

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