Cambiar y crecer es un proceso para el cristiano
Por Prosperada en 10 Junio, 2010, 4:47 pm
Arrojó al suelo la agenda con rabia. Frustrado. Deseoso de no seguir luchando con su deseo de cambio. A un lado el teléfono no dejaba de repicar. Era su esposa. Furibunda, sin duda. Acababan de tener una discusión y ella estaba presa de la indignación. Por instantes y en medio de la acalorada retahÃla de palabras que iban y venÃan, se olvidó que era cristiano y la ofendió.
Dios mÃo, parece que nunca voy a cambiar, ¿puedes ayudarme?—repetÃa con desesperación.
El sonido del teléfono le parecÃa demasiado estridente en el momento de angustia que atravesaba. Horas antes, al salir de casa, habÃa reñido con uno de sus hijos. Una concatenación de errores y su interrogante, ¿qué ocurre conmigo si deseo cambiar mi forma de ser?
Por fin decidió contestar: “Estela, sé que fallé. Perdónameâ€. Un breve silencio y la respuesta al otro lado de la lÃnea: “Siempre dices lo mismo; ya no te creoâ€. Mayor desilusión para él.
Y aunque llegar a casa esa noche fue un verdadero martirio, porque el ambiente estaba tenso—como era previsible–, decidió persistir con ayuda de Dios en el proceso de cambio. No que fuera fácil, pero aprendió que con ayuda del Señor Jesús podÃa lograrlo…
Es hora de vivir el proceso
¿Ha intentado prepararse una buena taza con café simplemente revolviendo agua, el grano y la leche en una olla, sin siquiera poner a hervir todos los elementos? Es imposible. Es necesario que se cumpla el proceso mediante el cual, por medio del fuego, todos los componentes se mezclan hasta obtener el café al gusto.
Igual ocurre con muchas personas que esperan un crecimiento personal y espiritual inmediato. Olvidan que se trata de un proceso; en algunos casos lento y en otros, más rápido, pero siguiendo unas etapas ineludibles.
El avance eficaz radica confiar en las fuerzas de Dios y no en las nuestras como advierte el Señor Jesús: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mi, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de Dios nada podréis hacerâ€(Juan 15:5).
Si nos disponemos con un corazón humilde al trato del Señor, el crecimiento personal y espiritual será real en cada uno, pero además afectaremos positivamente a quienes se encuentran alrededor: “Otra parábola les refirió diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramasâ€(Mateo 13:31, 32).
¿Qué está ocurriendo cuando no apreciamos mayores cambios? Pueden registrarse dos causas. La primera, que la conversión a Cristo fue de labios y no de corazón; la segunda, que esperamos resultados rápidos sin esperar el trato perfecto y soberano de Dios.
El no dejará su trabajo a medio terminar, como señala el apóstol Pablo: “…estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hacia el dÃa de Jesucristoâ€(Filipenses 1:6).
Viva el proceso. Hoy. No lo dilate. Ãbrale las puertas del corazón al Señor Jesús y permita que Él transforme todas las áreas de su ser; puedo asegurarle que jamás se arrepentirá de haber tomado la mejor decisión de su vida…
Autor: Pastor.Fernando Alexis Jiménez
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