A tu conciencia no la puedes engañar
Por Prosperada en 26 Julio, 2010, 11:13 am
El incidente se produjo pasada la medianoche. La ciudad estaba silenciosa y la tranquilidad sólo la rompía uno que otro auto atravesando la avenida. La mujer iba alegre, demasiado alegre. Unos cuantos tragos de más le hacían sentir que era capaz de alcanzar la luna con sus manos. No habían imposibles; al menos así pensaba.
Aunque su auto se desplazaba a una gran velocidad por la vía, era como si anduviera en las nubes. Algo así como un sueño. Era como si fuera espectadora de cuanto estaba ocurriendo y de la infinidad de luces de farolas que se acercaban con rapidez a través del parabrisas.
En algún momento, que jamás logrará explicar, se acercó demasiado a una vereda y arrolló varios tarros de basura. También a un hombre que dormía junto a una pared. Retomó el curso de su desplazamiento en la calle y dejó todo atrás, con la misma sensación de estar soñando aunque estaba despierta. La embriaguez la tenía en un estado de semiinconsciencia del que despertó seis horas después.
El noticiario de televisión reportaba la muerte atroz de un indigente. Había sido embestido por un automotor. Su dolorosa muerte se produjo en el hospital. Agonizó presa del frío de la madrugada. En ese momento nadie pudo auxiliarle. El autor del crimen había huido.
La mujer sintió como si un baldaso de agua fría cayera sobre su rostro. El café que preparaba, se derramó sobre la mesa. El líquido caliente, espeso y negro que iba corriendo sobre la superficie le llevó a tomar conciencia de la situación.
Una semana después la mujer, una abogada de profesión, se entregó a las autoridades de Guayaquil, en el Ecuador. Argumento que “la conciencia” no la dejaba vivir en paz. La muerte de aquél hombre la perseguía día y noche. No lo pudo soportar.
La conciencia te acusará si obras mal
En cierta ocasión llevaron a una mujer acusada de adulterio. Los hombres de la época querían apedrearla. Era lo que mandaba la Ley de Moisés. Interrogaron al Señor Jesús respecto a qué se debía hacer en tales casos.
“Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio”(Juan 8:7-9).
Cuando obramos mal, la conciencia no nos deja estar en paz. Un engaño, una mentira, un robo, un desliz en la relación matrimonial, callar un fraude o quizá ser partícipe de algo mal, constituye algo que no podremos borrar como si se trata de una palabra mal escrita con lápiz sobre un papel.
¿Cómo evitar el traumatismo de una conciencia intranquila? Obrando con rectitud. Agrada a Dios y nos permite mantener las relaciones interpersonales en un punto muy alto…
Autor: PAstor.Fernando Alexis Jiménez

Si, muy buen articulo nada peor que esconder estas cosas es hacerle el favor a satanas, no es verguenza confesar la verguenza es callar, como dice la escritura “traer las obras de las tinieblas a la luz “…Dios bendice estas desiciones.